miércoles, 5 de enero de 2011

Cambiar

No se puede desandar lo andado, pero sí corregir el rumbo.

Durante muchos años corría diario en un bosque cerca de mi casa, y por seguridad utilizaba siempre el camino más ancho y transitado. Luego de un tiempo hacía el ejercicio prácticamente “en automático”. Un día, aburrida por la rutina, decidí arriesgarme por las veredas aledañas. Fue una experiencia completamente diferente que me brindó nuevas vistas, nuevos olores y sensaciones. Tomar los atajos me permitió estar más atenta a las sutilezas del camino, al aquí y ahora, a prestar más atención en dónde ponía mis pies, a concentrarme más en el camino que en la meta. Hizo de mi carrera algo mucho más vital. Mi propósito de este año es hacer lo mismo con mi vida.

He decido dejar de seguir el camino ancho y seguro. Tomaré más riesgos y caminaré por lugares menos transitados. Tomaré más veces la iniciativa y pensaré menos en el “qué dirán”.  Seré más espontánea. Veré menos al frente y voltearé más a mi alrededor; compartiré y confiaré más. Cuando sea la hora de la siembra, lo haré al máximo, pero a la hora de la cosecha, me relajaré y disfrutaré lo conseguido. Me desconectaré del “modo automático” y de la monotonía. Dejaré de ver las equivocaciones como distracciones de un fin y empezaré a verlas como oportunidad de crecimiento, que me muestra rutas inexploradas.
La vitalidad procede de la atención que aplicamos a lo que hacemos.
Anat Baniel

Dejaré a un lado la prisa y saborearé d..e..s…p…a..c…i…o.. el camino, poniendo atención a los sutiles cambios y pequeños detalles. Los seres humanos tenemos el proceso de aprendizaje más largo de todas las especies. Estamos hechos para tomarnos nuestro tiempo. Ir despacio es el primer paso para estar más en el presente. Pondré todo mi empeño en comer lentamente, saboreando y distinguiendo cada sabor y cada textura, e introduciré esa falta de prisa en todas mis acciones, abriéndome a la sensualidad de mis sentidos. Haré mucho más cosas de esas que se hacen sin más motivo que el mero placer de hacerlas.

En 1949, el investigador Donald Hebb descubrió que al aprender algo nuevo creamos rápidamente muchas sinapsis neuronales. Pero, a medida que perfeccionamos ese conocimiento, el cerebro busca la manera de hacer más eficiente el proceso, desprendiéndose de millones de conexiones que considera innecesarias.

El reducido número de conexiones que quedan forman patrones o “surcos” permanentes que conducen el flujo de información. Estos “surcos” tienden a auto protegerse rechazando neuronas nuevas, poniendo resistencia a nuevos conocimientos.

Al cambiar nuestras rutinas, obligamos al cerebro a formar nuevas conexiones y nuevos surcos. A medida que asimilamos información, desarrollamos una visión interior (opinión) sobre nuestro mundo. Cuando estos patrones ya funcionan lo suficientemente bien, nuestro cerebro impone esa visión en nuestro entorno y experiencia. Esto sería una explicación científica de por qué nos cuesta asimilar ideas nuevas y se nos hace tan cómoda la rutina.

Me permitiré descubrir e inventar nuevas formas de actuar y de pensar. Analizaré mis creencias desde otras perspectivas, con una mente más abierta y receptiva a nuevas ideas. Abandonaré mi tendencia a juzgar lo bueno y lo malo; lo correcto y lo incorrecto, y veré todo sin prejuicios.

Dejaré el hábito de comparar lo nuevo con lo conocido. Sin desdeñar mi experiencia, veré lo nuevo con nuevos ojos. Dejaré de forzar soluciones, pues si no me aferro a nada, podré tener las manos libres para las que aparezcan de manera inesperada. Perseguiré mis metas con la libertad de ver más cosas por el camino, olvidándome de controlar los resultados.

 Dejaré de suponer que solo hay una forma de hacer las cosas. No hay perfección a la que aspirar, ni reglas fijas sobre la manera “correcta” de hacerlas. Me esforzaré, analizaré y me preocuparé menos, y disfrutaré, jugaré, bailaré y me relajaré más. Viviré de una forma más simple y liviana.

Aprenderé a escuchar con atención, tanto a los demás como a mis sentimientos, pensamientos y deseos. Celebraré hasta mis menores progresos. Le bajaré un poco el volumen a mi razón y le subiré a mi imaginación e intuición. Soñaré más tiempo despierta, y me conectaré más con mis sueños. Según un estudio, soñar despierto ofrece al cerebro una enorme flexibilidad para dar con soluciones  impredecibles. Me daré un tiempo diario para meditar y ponerme en contacto con mi Poder Superior.

Actuaré solo en la medida de mis posibilidades y me recordaré que NO soy la responsable del funcionamiento del universo. Cuando duermo, Dios sigue despierto. Dejaré de preocuparme y me ocuparé de cumplir con mi parte. Tendré presente que tiempo de espera no significa necesariamente tiempo perdido. Aún los momentos de quietud tienen algo que enseñarme.

“Además del noble arte de hacer las cosas, hay un noble arte de dejarlas sin hacer. La sabiduría de la vida consiste en la eliminación de las cosas no esenciales”.
Lin Yutang


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1 comentario:

  1. Es precisamente en los sutiles cambios y pequeños detalles donde está la gran riqueza!

    Dulces sueños,
    Graciela

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