domingo, 9 de enero de 2011

Mauro

El momento no pudo ser más inoportuno. Sábado a medio día. En media hora pasaría Juan Carlos por mí y yo en la calle sin acabarme de arreglar. Entonces lo vi. De hecho, por poco y lo atropello. Venía en sentido contrario a los carros, dando tumbos. Parecía no importarle el peligro del tráfico. Tenía ya mucho con mantenerse en pie.

Un mastín napolitano a media calle esquivando carros no es algo común de ver. Me estacioné lo más cerca que pude y me acerqué. Caminé junto a él intentando ganarme su confianza, aunque parecía demasiado agotado para notar siquiera mi presencia. A pesar de su enorme tamaño, parecía invisible para la mayoría de los transeúntes.

Después de algunos minutos, un carro se detuvo y ofreció ayuda para llevarlo a una veterinaria cercana. Me ofrecieron dormirlo. Ciertamente era la opción más conveniente, y debo confesar que estuve tentada a tomarla. “Hiciste bien, Gisela, ya estaba viejo, ciego, abandonado y desnutrido. Lo liberaste de sufrir. Y te vas a tu casa con un buen sabor de boca por la buena acción del día y sin ningún compromiso adquirido, ¿no es eso lo que llaman ganar-ganar?”

Pero de mi boca salió algo diferente: “no, me lo llevo a mi casa”; “¿estás loca?”. Fingí no escuchar más la voz llena de cordura que desesperada me gritaba en la cabeza, y decidí darle una oportunidad de vivir sus últimos años con algo de atención, amor y cuidados. “Con suerte consigo darlo en adopción y lo tendré poco tiempo en casa”, esperanzadora e ingenuamente pensé.

Fue objeto de discusión de sobremesa la elección de su nombre. Juan Carlos y yo decidimos que un nombre italiano y con personalidad sería lo adecuado, así que lo llamamos Mauro.

Al día siguiente fui por él a la veterinaria y así comenzó mi aventura. Con Mauro llegaron un montón de complicaciones. Si un perro trae inconvenientes, un perro enorme trae inconvenientes enormes. Babea, y cuando tiene suficiente baba, sacude sus cachetes y baba queda colgada por todos lados. Está viejo, tiene alrededor de 9 años y problemas en las articulaciones. Por si no fuera suficiente, tiene cataratas y casi no ve, aunque se mueve perfectamente gracias a su sentido del olfato.

Nunca había tenido un perro tan grande en la casa, de hecho nunca me había acercado a uno de ese tamaño. El que tengo es una chihuahua, para que se den una idea.

Mauro tiene una manera peculiar de saludar. Saluda como toro (bueno, la verdad nunca me ha saludado un toro, pero creo que saludaría parecido). Desde ese primer saludo procuro que no se pare detrás de mí. La primera vez por poco me da un infarto. Estaba yo de espaldas cuando sentí que metía su cabezota entre mis piernas y caí sentada en su lomo.

Me gusta mi casa arregladita. Colecciono un montón de cosas, desde manzanas hasta cajitas, pasando por corazones. Me gusta tener mis colecciones arregladas en un orden especial. Me gustan mis tapetes, en especial el afgano que tengo en mi sala y los cojines que traje de Guatemala.

Mauro en muchos sentidos ha sido mi maestro. Me confronta conmigo misma, con mis creencias y con los principios que he decidido hacer míos. Para mí la vida tiene más valor que cualquier cosa material. Eso me repito sobre todo por las noches, cuando entra a la casa y burla las sillas que coloco a manera de muralla para evitar que se meta en mi sala. Entre otras peculiaridades de comportamiento, acostarse encima de mis rosales es una de sus favoritas.

Casi todos los días Mauro y yo salimos a caminar por los alrededores. Algo así como cada 10 metros, se detiene varios minutos a tomar aire y recuperarse… “¿ya seguimos, Mauro?”... él parece no escucharme. Simplemente se toma su tiempo, y ciertamente es una gran oportunidad para ejercitar mi paciencia (“¿A qué hora pedí oportunidades para ejercitar mi paciencia?”). Eso sin tomar en cuenta cuando empieza a acuclillarse con actitud sospechosa: “¡No Mauro ahí no, por favor, no enfrente de la puerta de mi vecina! ¡Maurooo! ¡aughhh….$%#&!!”

Me gustaría ver mi sala sin sillas por todos lados por las noches. Y mi jardín en perfecto estado, como solía estar. Pero tengo que confesar que, a pesar de esos deseos, cuando lo veo persiguiéndome por toda la casa, moviendo la cola o saludándome con su particular estilo, comiendo o descansando en la cama que le hice… no puedo dejar de pensar lo que sería de él si no lo hubiera ayudado el día que lo encontré.

Entonces me siento feliz, me inunda una sensación de bienestar, dicha y agradecimiento por poder compartir mi buena suerte. Y, de alguna forma, me siento completa. Asumí los problemas, pero también el beneficio emocional. Es así con los perros y con la vida, ¿o no?

“Muchas veces, perder el equilibrio por amor es parte de vivir una vida con equilibrio”. (Comer, rezar y amar)

Mauro murió el 5 de febrero; le encontraron un tumor en la tráquea y le fallaron los riñones. Juan Carlos y yo lo acompañamos hasta el último momento. Vivió casi 8 meses conmigo. Gracias por todo Mauro.

8 comentarios:

  1. Muy tierno el relato. Tener mascota es una responsabilidad muy grande aunque tristemente muchos todavìa no lo ven asì. Saludos

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  2. Te salió del corazón, muy bello en verdad, cautiva. Mil felicidades por Mauro, por tu post que insisto de lo mejor que haya leído... ¡ah y también por Carlos que te apoyó en el rescate.

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  3. Ciertamente Enrique, me salió del corazón. Lo escribí de corridito. Saludos

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  4. Excelente relato, excelente labor el ayudar a un perro y darle la oportunidad de pasar quizás sus últimos días lleno de amor, calor y compañía.

    Te felicito ese valor al adoptar a un tremendo mastín napolitano de raza gigante. La raza es un amor, yo adoro a mis 2 mastines y son enormes, toscos pero muy nobles. Esos ojitos tristes te parten el corazón.

    Cuida mucho a Mauro!! En qué Cd vives? Yo soy del DF.

    Ya te sigo en twitter también. @gabynapolitano =D

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  5. Hola Gisela, bonito y sentido relato.
    Me recordaste a Rock también conocido como "el canito" un Mastín Napolitano de 8 años y medio. Que fue mi primer hijo.
    Lo tuve desde los 3 meses hasta casi los dos años. Luego tuve que cambiar de país y lo dejé con su tío, 6 años después mi hermano tuvo que cambiar de país y yo no había regresado aún. Durante ese tiempo, nos veíamos solo en Navidad, Rock me recibía con una efusividad difícil de describir, siempre era claro que aunque viviera con mi hermano, yo era su humano, porque en realidad es difícil decir si tu tienes un Mastín o él te tiene a ti.
    Forman un vínculo emocional tan rápido y fuerte como cuando corren a tu encuentro, no todos lo resisten. En esas cortas visitas, "el canis" como luego se acostumbró a llamarlo mi esposa, se ganó su cariño, a mi esposa no le gustan los perros y menos los gigantes con gran potencial de desastre. Pero el canis, entró en su corazón y fue ella la que dijo "hay que traerlo a México".
    No teníamos idea de lo difícil y costoso que sería, pero logró llegar... Nunca logré meterlo en una jaula por las buenas, pero en ese viaje, me comentó el agente que lo embarcó, solo le abrieron la transportadora y entró, él ya sabía.
    Llegado nuestro querido compañero, inició el proceso de ajuste, eran 6 años sin perro y para él un entorno distinto completamente.
    ¿Que nos ayudó? El reforzamiento positivo.
    Mauro aún puede aprender como lo hizo Rock y hacer la vida de ambos mucho mas agradable y llevadera.
    Ya falleció y sus cenizas están cerca del cuadro de Madre Tonanzin, el tiempo que pasamos juntos fue muy intenso y valió todo el esfuerzo.
    Ahora tenemos a Massimo, 15 meses y 65 kilos de puro cariño. Aún tiene mucho que aprender, pero se comporta en casa, no ha roto nada, casi no babea y trata a nuestro bebé de 7 meses como si fuera su amo.
    Hiciste lo correcto pero puedes hacerlo mejor aún, el entrenamiento es un aprendizaje para canino y humano.
    Saludos
    Walter
    @liewald

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  6. Muchas gracias por tu comentario. Mauro ya no tiene energía para hacer travesuras, él lo único que quiere es estar junto a mí todo el tiempo por las noches que entra a la casa. Me hace "marcaje personal" sólo que a veces no quiero que esté en la sala conmigo. Veré de algún tipo de entrenamiento para ambos. Muchas gracias de nuevo, muy tierna historia.

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  7. Gisela,

    Eres un pan de Dios.
    Es como un sí a la vida....
    ¿has hecho algo similar con algun niño abandonado?

    Saludos.

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  8. Imagínate que pudieras recoger de la calle a los niños, llevártelos a tu casa y cuidar de ellos! Terminaría presa. Un niño es una gran responsabilidad. Aunque los perros lo son, nada comparado con un niño. Ayudo en la medida que puedo.

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