jueves, 24 de febrero de 2011

Violencia

¿Sabes cómo se cocinan las ranas?
Si las pones directamente en agua caliente
salen saltando, pero si las pones en agua fría
y las vas calentando de a poco,
se van cocinando sin darse cuenta.

De manera imperceptible, poco a poco, conforme la costumbre iba volviendo transparente el abuso, la vergüenza se apoderó de mi cuerpo, de mi ser y de mi hacer. Me gritaba juicios que yo creía sin cuestionar: no merecía existir. Me aconsejaba volverme transparente para no incomodar. Me hacía ver todo lo equivocado con respecto de mi ser: Había nacido en el tiempo equivocado, con el cuerpo equivocado, la personalidad y las habilidades equivocadas. Simplemente no llenaba el molde que se suponía debía llenar. Era algo así como un total fraude. Una persona “pirata”. En algún otro lado debía existir la correcta. La YO que debía haber sido. Con el matrimonio que debía haber tenido. En algún otro lado estaba la mujer capaz de complacer y hacer feliz a su pareja. Yo simplemente era inadecuada.

No importaba el tamaño de mi esfuerzo. El que fuera yo quien lo hiciera le quitaba todo mérito. Llegué a sentir que sencillamente no era capaz de hacer las cosas bien. Me abrumaba un sentimiento de NO MERECER. Sentía una especie de envidia hacia las personas que eran “piezas originales” y no seres de segunda, como yo me sentía.

Llegué a desconectarme totalmente de mí misma. Me perdí por completo. Ya no sabía qué quería, qué me gustaba, cómo me gustaba vestirme, cuáles pensamientos eran míos… y finalmente, ¿qué importancia podría tener?, ¿para qué tener ideas o gustos propios? Siendo míos, seguramente serían reprobables.

Recuerdo un día que fui de compras al supermercado y en la sección de verduras vi una rata paseándose entre las lechugas. No tuve ninguna reacción. Si mi ser no tenía autoridad de ser, tampoco la tenía de sentir. Estaba demasiado confundida como para saber qué debía sentir. ¿Miedo? ¿enojo? ¿debía reclamarle al gerente del lugar? ¿y si se burlaba de mí? “¡Por favor señora, no sea ridícula! ¿Qué no sabe que lo más normal del mundo es que las ratas se paseen entre las verduras? ¿Qué nunca ha ido a un mercado?” Agarré la lechuga a pesar de lo que había visto y me retiré avergonzada del lugar.

La vergüenza es un sentimiento contundente, que explica muchas de las decisiones que a veces encontramos inexplicables.
Juzgamos a las mujeres que soportan maltrato y violencia familiar. “¿Por qué se quedan? ¿Por qué aguantan tanto?” “Si está en esa relación es porque quiere, a la mejor hasta le gusta” “Está por pendeja”. Esos juicios, lejos de confrontar ,lo único que consiguen es lacerar más la ya deteriorada autoimagen. El miedo y la vergüenza someten y bloquean cualquier visión al exterior.

La solución no viene en el mismo nivel de pensamiento que creó el problema. Einstein

Como toda persona que permanece en una situación así, me volví co-dependiente. Es difícil salir del maltrato porque primero se debe reconocer la dependencia y los sentimientos de vergüenza, miedo, inseguridad, culpa, baja autoestima y negación que lo permiten. Un segundo paso es aceptar la imposibilidad de salir por cuenta propia, y el tercero, buscar ayuda.

Hoy me amo lo suficiente como para entender que la vergüenza es un error de juicio. Nace de la comparación al buscar mi medida fuera de mí. Estoy aprendiendo a amar incondicionalmente, y estoy empezando por mí. Lo importante no es lo que sienta, sino cómo reacciono y lo que hago con el sentimiento. Al igual que el miedo, la vergüenza y la culpa también pueden ser mis aliadas, pues me advierten cuando mi comportamiento es incompatible con mis valores.

Se llega al momento en que tus demonios, que son terribles, se hacen más y más pequeños y tú más y más grande. August Wilson

Siento que ahora estoy en ese momento.

3 comentarios:

  1. WOW!.....simplemente WOW Giselita!

    Astrid

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  2. Te felicito por tocar estos temas Gisela, y con una muestra de lucha por vencer los miedos causados por eventos desagradables. Ojalá hubiera mas personas compartiendo estos temas con la delicadeza que tu nos regalas. Gracias.*

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  3. Me parece increíble que hayas pasado por esta experiencia, me siento orgullosa de la manera que lo has superado. Te veo como una mujer valiosísima y realizada. Felicitaciones por eso amiga!!!

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