martes, 28 de junio de 2011

La felicidad, ¿una decisión?

 Para mí, vivir feliz es algo parecido a bailar ballet.
Se ve ¡tan sencillo! Los movimientos salen tan naturales, que parece que con solo relajarme y sentir la música los podría ejecutar yo también con la misma gracia y soltura.
Sin embargo, muchos años de disciplina y práctica constante fueron necesarios para que el baile se viera como algo fácil de ejecutar.
Con la felicidad pasa lo mismo.

Yo soy feliz cuando celebro la fiesta del cuerpo y la vida, me abandono al cambio, me desapego y soy libre. Cuando, como el bailarín, fluyo en el hoy con espontaneidad haciendo lo mejor que puedo con lo que tengo. Lo que no ha sucedido no es mi problema, se lo dejo al Poder Superior que cuida de mí. Suena muy fácil, como fácil se ve el baile, pero requiere de mucho entrenamiento.

Para dominar la técnica del ballet clásico, se necesita practicar diariamente. Para vivir feliz yo también lo requiero. A lo largo de la vida aprendí movimientos que no dan resultados armoniosos y que debo "desaprender" para aprender los que sí producen el resultado que deseo.

Uno de tantos es devolver con la misma moneda. Trato de mala forma a quien así lo hizo conmigo y pienso que "hice justicia". Me molesta la violencia con que el otro me trató pero justifico mi reacción al pensar que le di lo que se merecía.  El resultado de mi presunto acto de "justicia" no es ni paz ni felicidad, ni armonía.

Otro  error de técnica es hacer suposiciones y luego tomármelas de manera personal. En vez de preguntar, creo saber lo que piensan los demás y sus motivos, y en base a lo que supongo, reacciono.

Uno muy arraigado en mí es la necesidad de controlar el futuro. Esa necesidad me lleva a pensar que el preocuparme imaginando cosas que no quiero que pasen, va a evitar que realmente sucedan.

He experimentado demasiadas veces lo que se siente el ser avisado que se tiene una enfermedad terminal, o que algo grave le sucedió a algún ser muy querido. Nunca he conseguido solucionar absolutamente nada con el hecho de preocuparme. ¡Cuánto sufrir en vano! Es algo muy tonto pensar que imaginar que sucede lo peor me va a preparar para que no suceda.

Una costumbre que me incomoda sobremanera al practicar mi baile es la obsesión del perfeccionismo, de pensar que existe el momento"perfecto". Que la perfección es algo que está a mi alcance si me esfuerzo lo suficiente. Que hay una manera "correcta" (de acuerdo con mi idea de lo que "está bien", por supuesto) de vivir, de morir, de actuar, de ser. Lo único que consigue esta obsesión es entorpecer mis movimientos, me impide soltarme y "fluir".

A veces parece que la melodía se repite sin cesar como disco rayado, y eso me llena de angustia. Me sucede cuando pospongo cosas importantes que necesito hacer. Trato de no escucharla pero ahí sigue, repitiéndose indefinidamente exigiendo que le preste atención.

Así he encontrado que ser felíz no es asunto sencillo. Requiere de maestría y destreza, de conocimiento interior llevado a la acción.


"Felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace".
–Jean Paul Sartre (1905-1980), filósofo y escritor francés.

Dan Gilbert, profesor de psicología de la Universidad de Harvard,  distingue entre "felicidad natural" (la que experimentamos cuando conseguimos lo que queremos) y "felicidad sintética",  la que sentimos aún cuando las cosas no suceden de acuerdo con nuestros deseos. Esta felicidad sintética la conseguimos gracias a pensamientos que nos ayudan a cambiar nuestra visión para poder sentirnos mejor; en otras palabras, lo que nos decimos para "consolarnos" cuando no conseguimos lo que queremos.

Podemos buscar la felicidad intentando conseguir cosas o podemos fabricarla con lo que tenemos. Así que consigamos o no lo que deseamos, podemos ser igualmente felices. ¿Por qué? Su conclusión fué:
“Nuestros anhelos y preocupaciones son, hasta cierto punto, sobreestimados, porque dentro de nosotros tenemos la capacidad de encontrar el material para ser felices que estamos constantemente buscando fuera”.

El escritor argentino Sergio Sinay compara la felicidad con la estela que deja en el agua una embarcación cuando navega. El agua es la vida, la embarcación soy yo, la estela es la felicidad. 

El bote no navega hacia la estela, ésta aparece como consecuencia de mi navegar. La felicidad son las huellas que dejo tras de mí al caminar. No es un derecho ni un deber, es una consecuencia. Una consecuencia de mi manera de vivir.

Así que, ser feliz es la consecuencia de mi decisión de serlo; de aprender a dejar de lado las actitudes que me hacen infeliz y  buscar las que me dan felicidad.

Ser feliz es una decisión y una consecuencia, una consecuencia de mi decisión de serlo.
Es un producto caro, pero accesible a quien quiera pagar el precio.

3 comentarios:

  1. Hola Gisela!
    Creo qué la felicidad es una consecuencia, quizás un estado qué a veces es temporal y que afanosamente buscamos sea permanente.
    Bello post!
    Saludos
    Sergio

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  2. JUAN JOSE BRITEZ GOSSEN6 de enero de 2012, 9:15

    LA FELICIDAD ES UNA CONSECUENCIA Y NO ASI UNA META.. POR QUE SOMOS FELICES EN LA MEDIDADA OBTENEMOS UN LOGRO U EXITO EN NUESTRAS VIDAS EJEMPLO.. LA APROBACION DE UN EXAMEN COMPLICADO. ESTO PRODUJO UN EFECTO O CONSECUENCIA, MOTIVO POR EL CUAL PRODUCE O REFLEJA FELICIDAD. SIGNIFICA QUE NO SE BUSCO LA FELICIDAD COMO META, SINO QUE VINO POR AÑADIDURA

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  3. Gracias por tu comentario Juan José. Pienso que la felicidad es una consecuencia de logros en nuestras vidas, y para ellos necesitamos tener la capacidad de valorarlos, tanto los logros como todo lo que tenemos, positivo o negativo. Existen personas llenas de logros, salud y buena fortuna que no son felices, no saben apreciar lo que tienen. Pienso que aprender a apreciar lo bueno y malo en nuestra vida muchas veces no es algo espontáneo y requiere de un "entrenamiento".

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