domingo, 26 de julio de 2015

Metamorfosis

De cómo una cueva se vuelve piel.


Mutaba según mis necesidades y circunstancias. De niña muchas veces, al soñar despierta, mi cueva tomaba la forma de gran mansión, como la de alguna revista. Allí vivía junto a dos solícitos y amorosos padres que me proveían todo lo que necesitaba y deseaba.
Otras veces, cuando sentía que no encajaba en ningún sitio, la construía a mi medida. Cuando lo que más deseaba era volverme transparente, cuando no estar era la mejor opción, se llenaba de calidez con la iluminación indispensable para pasar inadvertida. Allí estaba segura, a salvo. Nadie más tenía acceso, nadie podía encontrarme.
Durante muchos años fue mi salvavidas cuando me sentía incapaz de soportar situaciones extremadamente invasivas y dolorosas.
Cuando sentimientos de vergüenza y auto conmiseración me desbordaban, la prefería muy obscura y silenciosa. Me permitía dejar de existir por el tiempo necesario para reponerme. Yo era una serpiente solitaria y ese, mi refugio secreto en donde mudaba de piel.
Me acostumbré a su calor, a su silencio, a su protección y a su soledad.
Muchas veces tomaba la forma de un libro y me escabullía por los mundos paralelos que en él se describían. Mirando las estrellas, abandonaba mi cuerpo y me reincorporaba a mi materia original. Imaginaba mundos lejanos y yo era parte de ellos.
Actualmente estoy poco interesada en escapar de mi realidad, la encuentro interesante pues estoy aprendiendo a crearla y moldearla a mi gusto y medida. En contadas ocasiones siento todavía la necesidad de correr a su refugio. Como una vieja amiga, aún me abraza y me tranquiliza.
Nuevas actitudes han permitido que mi cueva reduzca su tamaño y se transforme en abrigo. Con recientes instrumentos estoy creando uno confortable que coso poco a poco. Avanzo en su confección cada vez que pongo límites, que tomo decisiones que me benefician, que reconozco y busco lo que quiero para mi vida y evito lo que no. Corto y pespunto cuando distingo las opciones que siempre tengo en cualquier situación, cuando me concedo el tiempo necesario para tomar decisiones o para lo que sea que necesite. Le agrego botones cuando le doy prioridad a mi bienestar y cuido de mí. Le doy los toques finales cuando hago las paces con mi mundo y armonizo con él.
El nuevo abrigo me queda muy cómodo, tanto que lo siento cada vez más liviano, más transparente... de manera paulatina siento cómo se va incorporando a mi piel.

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