martes, 23 de noviembre de 2010

Autoestima

"No puedes evitar que aves de tristeza vuelen sobre tu cabeza; pero sí puedes evitar que aniden en tu pelo” proverbio chino
Para mí fue un gran logro personal descubrir que la vida no “me sucedía”, y que lo que me hacía vivir en un infierno auto-creado eran los paradigmas que mantenía y que no me funcionaban para una vida feliz y plena. Me di cuenta que frente a mí tengo siempre dos puertas u opciones: una lleva al cielo y la otra al infierno, y están aquí y ahora. La llave que las abre o las cierra está en mi pensamiento, en las historias que me cuento, y en las decisiones que tomo, que traduzco en actitudes.

En el infierno entro cuando me comparo; cuando critico; cuando creo poseer la verdad. Cuando me siento diferente; cuando no pido ayuda; cuando actúo en base a suposiciones; cuando no acepto los halagos; cuando permito que mi ego perfeccionista me descalifique. Cuando me siento víctima al pensar que lo que veo mal está afuera de mí y por lo tanto no tengo poder para cambiarlo.

Cuando pienso que es responsabilidad de los demás hacerme la vida “fácil”. Cuando veo la vida como una competencia donde tengo que luchar para demostrar que soy la mejor. Cuando me siento el ombligo del mundo y creo que todos están pendientes y funcionan en torno a mí. Cuando siento que todo me lo merezco y alguien más me lo tiene que reconocer. Cuando pienso que los que me aman tienen la obligación de adivinarme el pensamiento.

Cuando me echo a los hombros responsabilidades que no me corresponden y hago el trabajo que a otro le toca hacer. Cuando pongo las necesidades de los demás por encima de las mías. Cuando dejo de escuchar y de escucharme. Cuando hago importante el reconocimiento externo, cuando me sacrifico. Cuando pienso que es mi responsabilidad lo que los demás piensan de mí. Cuando tomo una opinión diferente como ataque personal. Cuando me resisto, cuando desconfío.

Entonces pierdo contacto con mi “yo” interno, pierdo contacto con el amor y todos los sentimientos que lo acompañan, y me siento frustrada, enojada, resentida, envidiosa, con vergüenza, culpable, miserable, infeliz.

Algunos de los paradigmas que me mantenían en esta situación eran: “Hay cosas en las que no me puedo equivocar; ciertas decisiones son para siempre”; “Tengo que ser complaciente para ganarme el amor y la aprobación de las personas que me importan”; “Sufrir ennoblece, y seré recompensada por ello en otra vida”; “No es tan importante ser, como parecer”; “Las mujeres valen por su aspecto físico”; “Soy muy buena persona porque me sacrifico por los demás: quien se pone de tapete, tarde o temprano es reconocido en su sacrificio”; “Amar es dar hasta que duela sin recibir nada a cambio”.Suenan absurdos ahora planteados de esta forma, el problema radica en que no los había reconocido de manera consciente.

En el cielo entro cuando me doy tiempo para tomar las decisiones con las que me siento bien; cuando priorizo mis actividades; cuando me contacto con mis sentimientos; cuando me escucho y me atiendo. Cuando me trato con respeto, dignidad y cortesía, y trato a los demás de la misma forma.

Cuando evito juzgarme de manera negativa y me acepto imperfecta o equivocada. Cuando pido ayuda. Cuando empiezo a vivir a través de proyectos propios y no de imposiciones. Cuando me comparto. Cuando reconozco que las voces en mi cabeza que presagian desastres son máscaras de viejos miedos y no reflejo de mi realidad actual.

Cuando disfruto, cuando soy espontánea, cuando soy auténtica. Cuando agradezco; cuando reconozco a los demás y acepto reconocimientos. Cuando soy empática, cuando siento compasión. Cuando dejo de reaccionar. Cuando tomo en cuenta que toda decisión trae consecuencias. Cuando entiendo que todos hacemos lo mejor que podemos con lo que tenemos, esto me permite liberarme de sentimientos de rencor.

Cuando descargo mi enojo sin lastimar ni lastimarme. Cuando escucho y me permito que lo escuchado me transforme. Cuando entiendo que los demás pueden hacer juicios acerca de mí y que eso no tiene que ver conmigo, sino con ellos. Cuando amo y me abro al amor. Entonces soy responsable conmigo y con los demás, y me siento vital, creativa, tranquila, segura, confiada, receptiva, dichosa, merecedora, feliz, en paz.

El Dr.Juan Hitzig, Profesor de la Universidad Maimónides de Buenos Aires, Argentina, ha desarrollado un alfabeto emocional que conviene memorizar. Las conductas con R: resentimiento, rabia, reproche, rencor, rechazo, resistencia, represión, son generadoras de coRtisol, una potente hormona del estrés, cuya presencia prolongada en sangre es letal para las células arteriales ya que aumenta el riesgo de adquirir enfermedades cardio-cerebro-vasculares. En cambio, las conductas con S: serenidad, silencio, sabiduría, sabor, sexo, sueño, sonrisa, sociabilidad, sedación, producen Serotonina, una hormona generadora de tranquilidad que mejora la calidad de vida, aleja la enfermedad y retarda la velocidad del envejecimiento celular. Las conductas S generan actitudes A: ánimo, aprecio, amor, amistad, acercamiento.

En el cielo creado a mi medida paso ahora la mayor parte de mi tiempo, lo agradezco y lo disfruto plenamente. Fuimos creados para el bien y para ser felices. La paz es nuestro estado natural. Si esto no es así, es importante revisar qué paradigmas estamos obedeciendo que nos mantienen dentro de la infelicidad. De vez en cuando sigo visitando el infierno, pero ahora tengo la llave para salir pronto de él. Me contacto conmigo misma y con los pensamientos que me están llevando a ese lugar. Sabiendo que es decisión mía permanecer, ya no me permito estar ahí por mucho tiempo.

Seguramente lo seguiré visitando muchas veces, pero ya no es mi casa, ahora solo soy una “visitante esporádica” y por poco tiempo, por cierto.

martes, 16 de noviembre de 2010

Cambio

"El cambio es la única cosa inmutable". Arthur Schopenhauer

Solía tener pavor al cambio. A pesar de estar muy insatisfecha con la vida que tenía, encontraba un montón de justificaciones para permanecer en la misma situación, escudándome en paradigmas que me permitían sentirme segura en medio de la inseguridad: “Más vale malo por conocido que bueno por conocer”, “esto es lo que me tocó vivir.” Era infeliz, sin embargo, me había acostumbrado al caos.

Había empezado a morir.

“Acostumbrarse es ya empezar a no ser”

Anat Baniel en su libro Movimiento Consciente recomienda introducir cambios constantemente en todas las actividades de nuestra vida -aún teniendo una vida sin grandes problemas- como una forma de mantenernos vitales. El usar viejos patrones para resolver nuevos problemas, los hábitos, la rutina y la rigidez que desarrollamos de adultos restringen nuestra vida. Muchos de los grandes descubrimientos se han dado al alejarnos de las líneas conocidas de pensamiento. Cuando éramos pequeños la variación formaba parte de nuestra vida cotidiana. Desde la infancia nos educan con la creencia de que las equivocaciones son malas y surge el miedo a arriesgarnos. Los errores que cometemos nos proporcionan las variaciones que necesitamos para dejar de repetirnos. Para evitarlos, aprendemos la forma generalmente aceptada de hacer las cosas y después nos ceñimos a ella, haciendo lo mismo una y otra vez. Arriesgarnos a actuar de manera diferente nos permite cambiar, mejorar viejos patrones o aprender nuevos. Al pensar que “sólo hay una forma correcta de hacer las cosas” nos negamos la exploración de nuevas posibilidades.
Obviamente, escudarse en la seguridad de lo conocido es mucho más fácil que afrontar los retos que impone cambiar. Muchas personas, por temor, prefieren una estabilidad mediocre a un cambio que genere progreso. Estas personas normalmente son las que se esconden detrás de frases como:

· "Acá las cosas siempre se han hecho así"

· "Los latinos somos corruptos por naturaleza"

· "Cambiar es difícil y doloroso"

· “Podríamos estar peor”

· “No sirve de nada cambiar si no cambia el gobierno”

· “Es la herencia que nos dejó la conquista…”

· “Aunque cambie mi situación, voy a seguir teniendo problemas, sólo que de otro tipo…”

Cuando algo no está funcionando lo único que queda es el cambio.

Estos son algunos datos del México actual:
Desnutrición: Ésta afecta a 3 millones de niños menores de 5 años, de los cuales 1.8 millones padecen desnutrición crónica. El 70% de los mexicanos que hoy tiene 40 años sufrió desnutrición en su infancia.

Educación: Sólo el 20% de los jóvenes tiene acceso a educación superior, cuando el parámetro de referencia establecido por la UNESCO es entre 40 y 50%. Más del 4% de analfabetismo se considera problema social. México tiene 9.5%.

Corrupción: Según el Índice de la Percepción de la Corrupción 2010, México se ubica entre los países más corruptos del mundo, al ocupar el sitio 98 de una lista de 178 países… 39 escaños más abajo que hace 10 años.

Políticas económicas: Las grandes empresas pagan solamente 1.7% de sus ingresos de impuestos, y generan 20% de los empleos, mientras que 80% de los empleos en México están sostenidos por las pequeñas y medianas empresas. En 2009, en una evaluación de 152 países realizada por el Banco Mundial, México estaba en el lugar 143 en crecimiento económico, entre las 10 peores economías del mundo, por debajo de Haití.

Pobreza: Actualmente el ingreso por persona del 70% de los mexicanos es menor a dos mil 680 pesos mensuales, y el 41% de la población económicamente activa recibe ingresos menores a tres mil 400 pesos mensuales. De 1982 al 2009 el número de pobres pasó de 32 millones a 60 millones. Hace 27 años un salario mínimo alcanzaba para comprar 51kg de tortilla, ahora alcanza para 6 kg.

Violencia: El Índice Global de la Paz mide la percepción de la violencia en las naciones. México quedó ubicado en el lugar 108 de los 144 países que lo integran. El nivel de la violencia en México, peor que en Ruanda o el Congo. Este año (2010) de enero a agosto, el Semáforo Delictivo Nacional registró 13 mil 300 homicidios en 20 entidades federativas, lo que representa un incremento de 28% respecto del mismo periodo en 2009.

 Yo era de la idea que, al funcionar bien la macro-economía, la micro-economía (la que se refleja en nuestra cotidianidad) se arreglaba automáticamente. Me equivoqué. No sucede así, y no ha sido interés de nadie que lo “macro” permee a lo “micro”. Celebro los avances en los índices macro-económicos de México, pero en mi opinión, de lo que México está urgido es de un gobierno un poco más sensible a los índices que sí llegan a la ciudadanía, los de desnutrición, violencia, analfabetismo, corrupción y pobreza.

Es nuestra elección cambiar o permanecer, aunque permanecer igual signifique dejar que México muera lentamente.

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miércoles, 3 de noviembre de 2010

Corrupción

“Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta a la hoja y vi que había arreglado al mundo”. Gabriel García Márquez

Mentalidad cortoplacista y satisfacción inmediata. Ser “vivo”, la cualidad más apreciada, “hacerse rico de la noche a la mañana”, el sueño más acariciado. Con nuestro ejemplo hemos brindado una visión del mundo donde la trampa y la mentira son posibles. Al no cumplir mis promesas, al eludir mi responsabilidad, al callar ante lo indignante, al no exigir ni exigirme, al resignarme a que las cosas no cambiarán, enseño que la dignidad se puede comprar y vender. Que la impunidad es posible.

En mi opinión, la corrupción surge desde la desconfianza hacia el futuro; de la mentalidad de la escasez. No hay suficiente para todos, así que tomo todo lo que pueda, aunque lo tenga que arrebatar. Las mentes defensivas no son creativas ni cooperativas, compiten en vez de colaborar. Los abusados entran por la puerta lateral pudiendo entrar por la principal. El poder que más atrae es el poder hacer trampa. Pasando por alto los elementales principios de convivencia, robamos tiempo al tiempo, ganando aunque el otro pierda, y al final el que pierde es el país donde vivimos.

Desde nuestro pedestal no nos damos cuenta que una parte del problema es el pedestal desde donde señalamos las faltas de los demás, incluyendo las del gobierno. ¿Podíamos esperar algo diferente a lo que estamos viviendo? ¿Pensábamos que podíamos actuar así y exigir a los demás conductas distintas?

Podemos evadir la ley, pero nunca las consecuencias de nuestras acciones. Al corrompernos, nos traicionamos, perdemos nuestra integridad como seres humanos, nos “rompemos” (de ahí el término “corromper “).

No se puede tener un patrimonio exterior, si primero no se tiene uno interior: puntualidad, limpieza, honestidad, trabajo en equipo, disciplina, respeto, cultura de la legalidad, valores que promueven el bienestar común, que también es el nuestro.

Los Sindicatos de Trabajadores en Japón presentan pliegos de ofrecimientos a la empresa: “en un año, ofrecemos fabricar 10% más, ¿qué nos ofrecen a cambio?”. En México se presenta pliego petitorio: más dinero y menos trabajo.

También utilizamos la religión para pedir y esperar.

En Latinoamérica fracasan al menos 75% de las nuevas empresas en los primeros 3 años. No tenemos la disciplina de sembrar y esperar a que crezca lo sembrado, queremos resultados inmediatos, empezar a lo grande y que a los dos años el negocio nos dé para carro nuevo, vacaciones, cambio de casa...

¿Qué hace un anglosajón los domingos? Lava su coche, poda su jardín, tiene su garaje lleno de herramientas, pues la mano de obra es cara. Aprovecha los fines de semana para reparar asuntos pendientes de plomería, carpintería en su casa; practica su hobby, prepara una barbacoa en su jardín.

¿Son así porque tienen esos países, o tienen esos países porque son así? Nos educamos para ser empleados y hacer lo esencial, nuestro objetivo en la vida es que den las 5 de la tarde. No aprendemos a amar y a disfrutar lo que hacemos, ni a hacer lo que amamos y disfrutamos.

La teoría de las Ventanas Rotas se basa en la premisa de que el crimen es el resultado inevitable del desorden. Se encontró que el crimen, en cualquier centro urbano, era mayor en las zonas donde prevalecía el descuido, la suciedad y el maltrato a los bienes públicos. Si no se reparaba pronto una ventana rota, o se limpiaba un grafiti, o se recogía la basura, se transmitía la idea de deterioro, desinterés y ausencia de ley y la gente pronto empezaba a hacer más de lo mismo. Al romperse los códigos de convivencia, se propiciaba a cometer delitos.

Según el Índice de la Percepción de la Corrupción 2010, México se ubica entre los países más corruptos del mundo, al ocupar el sitio 98 de una lista de 178 países… 39 escaños más abajo que hace 10 años.

En las estaciones del metro de Viena no piden boleto para entrar. A pesar de eso, todos lo compran. De manera aleatoria, un encargado sube al vagón a recogerlos, y ese día no encuentra problema, pues todos lo llevan. En otros países, los periódicos se venden dentro de una caja, donde uno pone el precio y saca UN periódico, y deja el resto en su lugar.

Según un estudio, el simple hecho de enterarnos de que alguien presta ayuda puede tener un impacto único, inducir un cálido sentido de elevación. Los psicólogos usan el término “elevación” para designar la luz que se nos enciende cuando somos testigos de la bondad de alguien. La elevación, sugiere esta investigación, es contagiosa. Cuando alguien ve un acto de bondad, se despierta en esa persona el impulso de realizar una acción similar. Las “malas acciones” se contagian, pero “las buenas” ¡también!
"Las cosas que trascienden en la vida, no se dan por lo que tú haces, sino por la semilla que siembras"

¿Y si desde hoy nos proponemos empezar a contagiar acciones diferentes encaminadas al bienestar común; y si sembráramos la semilla con nuestro ejemplo?
¿y si se vuelve una pandemia?
Que empiece por mí…por ti…por todos, ¿LISTOS?
… ¡a la una!,
… ¡a las dos!
… ¡a las siempre!.

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