martes, 16 de noviembre de 2010

Cambio

"El cambio es la única cosa inmutable". Arthur Schopenhauer

Solía tener pavor al cambio. A pesar de estar muy insatisfecha con la vida que tenía, encontraba un montón de justificaciones para permanecer en la misma situación, escudándome en paradigmas que me permitían sentirme segura en medio de la inseguridad: “Más vale malo por conocido que bueno por conocer”, “esto es lo que me tocó vivir.” Era infeliz, sin embargo, me había acostumbrado al caos.

Había empezado a morir.

“Acostumbrarse es ya empezar a no ser”

Anat Baniel en su libro Movimiento Consciente recomienda introducir cambios constantemente en todas las actividades de nuestra vida -aún teniendo una vida sin grandes problemas- como una forma de mantenernos vitales. El usar viejos patrones para resolver nuevos problemas, los hábitos, la rutina y la rigidez que desarrollamos de adultos restringen nuestra vida. Muchos de los grandes descubrimientos se han dado al alejarnos de las líneas conocidas de pensamiento. Cuando éramos pequeños la variación formaba parte de nuestra vida cotidiana. Desde la infancia nos educan con la creencia de que las equivocaciones son malas y surge el miedo a arriesgarnos. Los errores que cometemos nos proporcionan las variaciones que necesitamos para dejar de repetirnos. Para evitarlos, aprendemos la forma generalmente aceptada de hacer las cosas y después nos ceñimos a ella, haciendo lo mismo una y otra vez. Arriesgarnos a actuar de manera diferente nos permite cambiar, mejorar viejos patrones o aprender nuevos. Al pensar que “sólo hay una forma correcta de hacer las cosas” nos negamos la exploración de nuevas posibilidades.
Obviamente, escudarse en la seguridad de lo conocido es mucho más fácil que afrontar los retos que impone cambiar. Muchas personas, por temor, prefieren una estabilidad mediocre a un cambio que genere progreso. Estas personas normalmente son las que se esconden detrás de frases como:

· "Acá las cosas siempre se han hecho así"

· "Los latinos somos corruptos por naturaleza"

· "Cambiar es difícil y doloroso"

· “Podríamos estar peor”

· “No sirve de nada cambiar si no cambia el gobierno”

· “Es la herencia que nos dejó la conquista…”

· “Aunque cambie mi situación, voy a seguir teniendo problemas, sólo que de otro tipo…”

Cuando algo no está funcionando lo único que queda es el cambio.

Estos son algunos datos del México actual:
Desnutrición: Ésta afecta a 3 millones de niños menores de 5 años, de los cuales 1.8 millones padecen desnutrición crónica. El 70% de los mexicanos que hoy tiene 40 años sufrió desnutrición en su infancia.

Educación: Sólo el 20% de los jóvenes tiene acceso a educación superior, cuando el parámetro de referencia establecido por la UNESCO es entre 40 y 50%. Más del 4% de analfabetismo se considera problema social. México tiene 9.5%.

Corrupción: Según el Índice de la Percepción de la Corrupción 2010, México se ubica entre los países más corruptos del mundo, al ocupar el sitio 98 de una lista de 178 países… 39 escaños más abajo que hace 10 años.

Políticas económicas: Las grandes empresas pagan solamente 1.7% de sus ingresos de impuestos, y generan 20% de los empleos, mientras que 80% de los empleos en México están sostenidos por las pequeñas y medianas empresas. En 2009, en una evaluación de 152 países realizada por el Banco Mundial, México estaba en el lugar 143 en crecimiento económico, entre las 10 peores economías del mundo, por debajo de Haití.

Pobreza: Actualmente el ingreso por persona del 70% de los mexicanos es menor a dos mil 680 pesos mensuales, y el 41% de la población económicamente activa recibe ingresos menores a tres mil 400 pesos mensuales. De 1982 al 2009 el número de pobres pasó de 32 millones a 60 millones. Hace 27 años un salario mínimo alcanzaba para comprar 51kg de tortilla, ahora alcanza para 6 kg.

Violencia: El Índice Global de la Paz mide la percepción de la violencia en las naciones. México quedó ubicado en el lugar 108 de los 144 países que lo integran. El nivel de la violencia en México, peor que en Ruanda o el Congo. Este año (2010) de enero a agosto, el Semáforo Delictivo Nacional registró 13 mil 300 homicidios en 20 entidades federativas, lo que representa un incremento de 28% respecto del mismo periodo en 2009.

 Yo era de la idea que, al funcionar bien la macro-economía, la micro-economía (la que se refleja en nuestra cotidianidad) se arreglaba automáticamente. Me equivoqué. No sucede así, y no ha sido interés de nadie que lo “macro” permee a lo “micro”. Celebro los avances en los índices macro-económicos de México, pero en mi opinión, de lo que México está urgido es de un gobierno un poco más sensible a los índices que sí llegan a la ciudadanía, los de desnutrición, violencia, analfabetismo, corrupción y pobreza.

Es nuestra elección cambiar o permanecer, aunque permanecer igual signifique dejar que México muera lentamente.

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miércoles, 3 de noviembre de 2010

Corrupción

“Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta a la hoja y vi que había arreglado al mundo”. Gabriel García Márquez

Mentalidad cortoplacista y satisfacción inmediata. Ser “vivo”, la cualidad más apreciada, “hacerse rico de la noche a la mañana”, el sueño más acariciado. Con nuestro ejemplo hemos brindado una visión del mundo donde la trampa y la mentira son posibles. Al no cumplir mis promesas, al eludir mi responsabilidad, al callar ante lo indignante, al no exigir ni exigirme, al resignarme a que las cosas no cambiarán, enseño que la dignidad se puede comprar y vender. Que la impunidad es posible.

En mi opinión, la corrupción surge desde la desconfianza hacia el futuro; de la mentalidad de la escasez. No hay suficiente para todos, así que tomo todo lo que pueda, aunque lo tenga que arrebatar. Las mentes defensivas no son creativas ni cooperativas, compiten en vez de colaborar. Los abusados entran por la puerta lateral pudiendo entrar por la principal. El poder que más atrae es el poder hacer trampa. Pasando por alto los elementales principios de convivencia, robamos tiempo al tiempo, ganando aunque el otro pierda, y al final el que pierde es el país donde vivimos.

Desde nuestro pedestal no nos damos cuenta que una parte del problema es el pedestal desde donde señalamos las faltas de los demás, incluyendo las del gobierno. ¿Podíamos esperar algo diferente a lo que estamos viviendo? ¿Pensábamos que podíamos actuar así y exigir a los demás conductas distintas?

Podemos evadir la ley, pero nunca las consecuencias de nuestras acciones. Al corrompernos, nos traicionamos, perdemos nuestra integridad como seres humanos, nos “rompemos” (de ahí el término “corromper “).

No se puede tener un patrimonio exterior, si primero no se tiene uno interior: puntualidad, limpieza, honestidad, trabajo en equipo, disciplina, respeto, cultura de la legalidad, valores que promueven el bienestar común, que también es el nuestro.

Los Sindicatos de Trabajadores en Japón presentan pliegos de ofrecimientos a la empresa: “en un año, ofrecemos fabricar 10% más, ¿qué nos ofrecen a cambio?”. En México se presenta pliego petitorio: más dinero y menos trabajo.

También utilizamos la religión para pedir y esperar.

En Latinoamérica fracasan al menos 75% de las nuevas empresas en los primeros 3 años. No tenemos la disciplina de sembrar y esperar a que crezca lo sembrado, queremos resultados inmediatos, empezar a lo grande y que a los dos años el negocio nos dé para carro nuevo, vacaciones, cambio de casa...

¿Qué hace un anglosajón los domingos? Lava su coche, poda su jardín, tiene su garaje lleno de herramientas, pues la mano de obra es cara. Aprovecha los fines de semana para reparar asuntos pendientes de plomería, carpintería en su casa; practica su hobby, prepara una barbacoa en su jardín.

¿Son así porque tienen esos países, o tienen esos países porque son así? Nos educamos para ser empleados y hacer lo esencial, nuestro objetivo en la vida es que den las 5 de la tarde. No aprendemos a amar y a disfrutar lo que hacemos, ni a hacer lo que amamos y disfrutamos.

La teoría de las Ventanas Rotas se basa en la premisa de que el crimen es el resultado inevitable del desorden. Se encontró que el crimen, en cualquier centro urbano, era mayor en las zonas donde prevalecía el descuido, la suciedad y el maltrato a los bienes públicos. Si no se reparaba pronto una ventana rota, o se limpiaba un grafiti, o se recogía la basura, se transmitía la idea de deterioro, desinterés y ausencia de ley y la gente pronto empezaba a hacer más de lo mismo. Al romperse los códigos de convivencia, se propiciaba a cometer delitos.

Según el Índice de la Percepción de la Corrupción 2010, México se ubica entre los países más corruptos del mundo, al ocupar el sitio 98 de una lista de 178 países… 39 escaños más abajo que hace 10 años.

En las estaciones del metro de Viena no piden boleto para entrar. A pesar de eso, todos lo compran. De manera aleatoria, un encargado sube al vagón a recogerlos, y ese día no encuentra problema, pues todos lo llevan. En otros países, los periódicos se venden dentro de una caja, donde uno pone el precio y saca UN periódico, y deja el resto en su lugar.

Según un estudio, el simple hecho de enterarnos de que alguien presta ayuda puede tener un impacto único, inducir un cálido sentido de elevación. Los psicólogos usan el término “elevación” para designar la luz que se nos enciende cuando somos testigos de la bondad de alguien. La elevación, sugiere esta investigación, es contagiosa. Cuando alguien ve un acto de bondad, se despierta en esa persona el impulso de realizar una acción similar. Las “malas acciones” se contagian, pero “las buenas” ¡también!
"Las cosas que trascienden en la vida, no se dan por lo que tú haces, sino por la semilla que siembras"

¿Y si desde hoy nos proponemos empezar a contagiar acciones diferentes encaminadas al bienestar común; y si sembráramos la semilla con nuestro ejemplo?
¿y si se vuelve una pandemia?
Que empiece por mí…por ti…por todos, ¿LISTOS?
… ¡a la una!,
… ¡a las dos!
… ¡a las siempre!.

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sábado, 23 de octubre de 2010

Paradigma

"Sólo hay una verdad absoluta: que la verdad es relativa".
André Maurois (1885-1967) Novelista y ensayista francés.


“Jesús es un mito.  No existe documentación histórica neutral acerca de él. A los ojos de todos Jesús es simplemente el hombre ideal, del cual cada uno se hace una imagen adornándole con todo tipo de cualidades que nada tienen que ver con las que ofrecen los documentos conocidos.”

“Prácticamente todos los expertos consideran la existencia de Jesús un "hecho" histórico, incluidos los expertos agnósticos y ateos, quedando patente que el único objetivo de los ideólogos tanto "anti evolución" como "anti existencia histórica de Jesús" es generar confusión.”

“El calentamiento global por CO2 es un fraude. La problemática del calentamiento global ha sido inflada con fines políticos y económicos.”

“El mito del Holocausto fue creado solamente para el beneficio económico de Israel, para exigirle millonarias sumas a Alemania por concepto de reparación de daños y para justificar políticas criminales del Estado de Israel y el apoyo de Estados Unidos".

“La influenza H1N1 fue un mito inventado por el gobierno con el fin de distraer a los ciudadanos mexicanos mientras se cambiaban las leyes, para evitar protestas por el primero de mayo y para que se nos olvidara la crisis".


En Yahoo! encontré 3.880.000 resultados para el mito de Jesús; 3.030.000 de pruebas históricas de su existencia; 941,000 para el mito del calentamiento global; 938,000 para el del Holocausto. Cada página con razones y “pruebas” que “demuestran” que sus argumentos son verdaderos… pero, ¿quién posee La Verdad? ¿Podemos acceder a ella? 



Millones de personas sostienen determinadas creencias e ideas como ciertas y otros tantos millones sostienen exactamente lo contrario. La única verdad es que cada quien tiene la suya. Defendemos opiniones como si fueran hechos y las fundamos en más opiniones. Una idea diferente la vivimos como amenaza existencial. Tomamos nuestras creencias como axioma matemático.


"Conoces lo que tu vocación pesa en ti. Y si la traicionas, es a ti a quien desfiguras; pero sabes que tu verdad se hará lentamente, porque es nacimiento de árbol y no hallazgo de una fórmula".
Antoine de Saint-Exupery


Cada persona ve una misma situación de manera diferente, pues al regirnos distintos paradigmas, hacemos particulares juicios para darle sentido a lo que vemos. No podemos ver de manera imparcial. La objetividad como algo fuera de nosotros no existe. 



El primer principio de la Ontología del Lenguaje, del filósofo chileno Rafael Echeverría nos dice que no sabemos cómo las cosas son, sólo sabemos cómo las observamos. Vivimos en mundos interpretativos. No podemos acceder al hecho en sí, sino a través de nuestra única forma de ver el mundo, a través de nuestros juicios y de nuestra individual forma de pensar.


Todo lo que creemos nos “hace sentido” debido a nuestra historia personal que nos permite ver las cosas de esa forma y no de otra. Tendemos a pensar que podemos acceder a los hechos de manera totalmente imparcial, que frente a un hecho (que a lo mejor a nosotros nos parece muy obvio) todos necesariamente lo tienen que ver de la misma manera.


 “Lo que veo es todo lo que hay”; “si yo no veo algo más es porque no existe”; “si pasa una vez volverá a pasar”; “las cosas no pueden ser diferentes”; “lo que es siempre será”. Y pensamos que esto pertenece al hecho en sí y no a nuestra mirada particular.


"Cree a aquéllos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado".
André Gide



La idea de que podemos acceder a la verdad nos coloca en una posición de superioridad con respecto al resto de los mortales que viven en el error. La Verdad se convierte en nuestro escudo que nos defiende de la gente que vive equivocada, y nos concedemos el derecho de “hacerles ver la luz” y sacarlos de su ignorancia.


Pocas cosas hay tan dolorosas y frustrantes como no ser capaces de lograr que los demás vean las cosas como nosotros lo hacemos. Todo lo vemos a través de nuestra interpretación, a través de nuestros paradigmas, mismos que escogemos a priori por que nos gustaron, o sea, por motivos meramente emocionales.


Los dilemas no son problemas racionales, sino emocionales. Viéndolo de esta forma la confrontación y el debate para “sacar del error” al oponente es una absoluta pérdida de tiempo y energía, y lo único que logra es debilitar la relación, pues no se respeta el hecho de que cada quien ve y verá lo que quiere ver.


 Únicamente cambiaremos de opinión cuando cada quien lo decida y cuando una idea diferente nos haga más sentido. Propongo entonces que nos guiemos por la ética, que nos orienta a buscar el respeto mutuo y el bienestar común. Debido a que cada quien defiende “su verdad” desde la emoción, la solución a diferentes creencias, no está en uniformarlas, sino en respetarlas.
Sospechar de nuestras certezas nos podría enriquecer más que tratar de imponerlas a los demás.


¿La paz? Podríamos avanzar en ella con algo así como: “el respeto a la verdad ajena……”


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lunes, 4 de octubre de 2010

Consumo


“La felicidad no consiste en tener más, sino en necesitar menos”.

Recientemente fui a buscar un cartucho de tinta para mi impresora y me encontré con que costaba lo mismo que una impresora nueva. El sistema me estaba invitando a tirar a la basura una impresora en excelente estado para comprar otra. Lo mismo sucedió cuando quise adquirir un cargador original para mi laptop.

Después de la Segunda Guerra Mundial, para rehabilitar la economía, el analista del presidente Eisenhower propuso: “La economía enormemente productiva exige que hagamos del consumo nuestro estilo de vida, que convirtamos el comprar y utilizar bienes en auténticos rituales, que busquemos nuestra satisfacción espiritual, la satisfacción del ego, en consumir... necesitamos que se consuman cosas, se quemen, se sustituyan y se tiren, todo ello a un ritmo cada vez más rápido”.

¡Claro! por eso se diseñan los productos de modo que se vuelvan obsoletos en poco tiempo, pues cuando las cosas se fabrican bien, duran, y los mercados se saturan demasiado pronto.
Valores como la frugalidad, el ingenio, el ahorro, la cooperación, la convivencia, el bien común, la solidaridad, y la administración de recursos, se están volviendo obsoletos en esta sociedad de “usar y tirar”.

Éstos se han ido reemplazando por otros como la seguridad, la acumulación en exceso para asegurar un futuro incierto, el individualismo, la competencia, y la cosificación de todo ser vivo. Hemos basado nuestra identidad en la idea de poseer cada vez más. La ambición es algo positivo y el sentirse satisfecho con lo que se tiene es  sinónimo de mediocridad y conformismo.

Los consumidores compartimos un modo de vida y una cultura cada vez más uniforme, con los mismos productos de las mismas tiendas, “gracias” a la globalización. Muy poco de lo que compramos es necesario para nuestra supervivencia, ni siquiera para las comodidades humanas básicas. Compramos por impulso, por novedad, por deseo momentáneo, por capricho, o porque “es un lujo, pero… creo que lo valgo”.

Actualmente vemos más publicidad en un día de la que veíamos hace 50 años en una vida entera. Y toda ella dedicada a decirnos que estamos mal, pero que todo se arregla con salir de compras. Nos enredamos cada vez más en un círculo vicioso de trabajar, comprar, endeudarse y trabajar para pagar las deudas. Consumimos a costa de hipotecar el futuro.

Los costos de los productos se mantienen bajos a costa de explotar la mano de obra. Los celulares, las computadoras, consolas de videojuegos y muchos otros aparatos desechables se fabrican utilizando un metal llamado coltán.

Una de las principales minas de coltán se encuentra en El Congo. Su explotación daña especies protegidas como gorilas o elefantes. Además el mineral lo extraen principalmente niños, que dejan la escuela a cambio de un dólar al día. Esto para extraer los metales con los que se fabrican nuestros celulares que, al cabo de un año, seguramente terminarán en la basura.

Al comprar, usar y tirar, todo para volver a comprar, mantenemos vivo este sistema. Hoy día consumimos el doble que hace 50 años. El tiempo libre se ha vuelto un artículo de lujo. Trabajamos más que nunca. Y… ¿para qué? Para tener dinero y comprar todo lo que nos hacen creer que necesitamos.

Nuestras decisiones como consumidores tienen repercusiones ecológicas, sociales y espirituales. Hay más de 100 mil químicos sintéticos en el comercio actual, y no se han estudiado sus efectos en la salud. El Retardante de Fuego Brominado (químico que hace las cosas más resistentes al fuego), por ejemplo, es una neurotoxina que se utiliza indiscriminadamente en nuestras computadoras, ¡incluso en nuestras almohadas! Lamentablemente el gobierno cuida más los intereses económicos que nuestra salud.

En las últimas cinco décadas, el consumo de agua se ha triplicado; el de combustibles fósiles se ha quintuplicado; las emisiones de dióxido de carbono han aumentado un 400%; el 80% de los bosques originales del planeta ha desaparecido; en las últimas tres décadas se han consumido un tercio de los recursos naturales. Tiramos el doble de basura que hace 30 años. Y, además, somos menos felices que hace 50 años.

Resulta vital que reflexionemos y eduquemos a nuestros hijos en torno al hábito de “comprar por comprar”.


Cuidemos la naturaleza antes de que ésta nos pase la factura.
Aprendamos a promover la durabilidad, la reparación y la actualización de los productos que compramos, en lugar de programarnos para que nos sean obsoletos y terminen en poco tiempo en la basura.

Y tú, ¿cuánto necesitas gastar para ser feliz?

martes, 14 de septiembre de 2010

México

   
   Era un 15 de septiembre, y mi padre (quien vivía en Guatemala),  se preparaba junto con la familia para celebrar un año más de independencia de su querido y añorado México. Como todos los años, cenaron pozole y antojitos mexicanos. México era uno de sus temas favoritos; se llenaba la boca y el corazón de él. Y esa noche no fue la excepción. 

Vieron el grito a través de un canal mexicano, y de pie cantó el himno. Luego le platicó a la empleada doméstica (pues la familia se sabía ya la historia de memoria...) las hazañas del cura Miguel Hidalgo y Costilla, doña Josefa Ortiz de Domínguez, el grito de Dolores, la entrada del ejército Trigarante a la Ciudad de México... datos que mi padre guardaba como un tesoro, pues lo mantenían unido a su país amado.
A la mañana siguiente, un infarto fulminante acabó con su vida.
Hoy, algunos años después, confieso que no amanecí con ganas de celebrar. La situación política, la creciente inseguridad, la corrupción, la ineptitud del gobierno para atender lo verdaderamente urgente, son hechos para desanimar a cualquiera, reflexioné. Doscientos años después de la Independencia y a cien de la Revolución, parece que volvimos a donde empezamos. Todavía no logramos ponernos de acuerdo y seguimos siendo un país con muchos asuntos cruciales sin resolver.  
Pero entonces recordé a mi padre un día como hoy. Lo recordé como mi madre me lo platicó: emocionado cantando el himno y festejando a su país.
Y pensé en el otro México, en mi México personal, el de mi vida de diario, en el que nacieron mis hijas, en el que como, descanso, amo y disfruto todos los días. En el que he aprendido, crecido, reído y llorado… el que merece mi cariño y mi respeto... imaginé a mi padre sonriendo junto a mí.
México es más que una mera coyuntura histórica. México es un GRAN PAÍS y, además, es MI PAÍS… Un país con su lado malo y su lado bueno, como todo lo que está vivo... como yo.
Así que, como mi papá lo hubiera hecho, yo también aprovecho este día para decir desde lo más profundo de mi corazón:  gracias, México.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Propuestas

Hace unos días escuché por la radio un comentario que me pareció muy interesante por todas las implicaciones que me parece que tiene. Hablaba de un estudio que realizó un sociólogo sobre la facilidad con la que se acogen nuevas propuestas en diferentes países. Uno de los parámetros que utilizó fueron los rankings de las canciones más escuchadas. Se dio cuenta que en los países avanzados una canción nueva llega a los Top 10 mucho más rápido que en los países en desarrollo (México entre ellos). En estos últimos, la canción debía sonar por más tiempo antes de entrar en las listas de popularidad.
 
Recientemente fui a los Estados Unidos y me llamó la atención la gran variedad de presentaciones y sabores de cada producto que se exhiben en los supermercados: vi yogures de sabores tan exóticos como "pay de limón" o "pastel de zanahoria"; catsup sabor habanero, chipotle o jalapeño; paletas de dulce sabor tequila; gran variedad de sabores de mostaza; tortillas hechas de masa cruda listas para cocinarse en el comal....y me pregunté cual sería la razón de que estas variedades no existieran en nuestro país. Recuerdo que hace no mucho sacaron diferentes sabores de yogures en México: tuna, papaya...no los he vuelto a encontrar.
 
Se habla mucho acerca de qué podemos hacer para salir del subdesarrollo, más allá de culpar al gobierno.
Podríamos comenzar por abrirnos a las ideas nuevas............tal vez no es tan descabellado después de todo, disfrutar de un delicioso yogur de pitaya.......ummmmmmm!!