lunes, 6 de diciembre de 2010

Educación

¿Cómo es que, siendo tan inteligentes los niños, son tan estúpidos la mayor parte de los hombres? Debe ser fruto de la educación.
Alejandro Dumas, escritor francés (1803-1870).

El sistema educativo actual fue diseñado y concebido para una época completamente diferente a la actual; nuestros jóvenes hoy viven sobre estimulados: mi hija Nadia, de 15 años estudia chateando y escucha su ipod mientras ve de reojo MTV o alguno de los más de 100 canales por cable que tiene al alcance de su control remoto, todo al mismo tiempo. Y saca buenas calificaciones en todas sus materias.

Son expertos en enfocar su atención en muchas cosas a la vez.  Están acostumbrados a objetos multifuncionales: un simple reloj de manecillas que solamente da la hora, es algo que no utilizan. Viven en una cultura digital.

En Estados Unidos cada 9 segundos un niño deja la escuela. Los jóvenes viven en un mundo creado por ellos, sus cerebros están programados digitalmente. En un salón de clase tradicional se aburren y se distraen y entonces se les medica por “déficit de atención”. Dentro de este caduco sistema educativo, no tienen ningún control, son totalmente objetos pasivos.

“Aprender sin reflexionar es malgastar energía” Confucio

En este sistema conductista, la palabra del maestro es la verdad absoluta; cuestionarlo se considera falta de respeto y quien se atreva a contradecirlo se arriesga a ser reportado. En clase, la participación del alumno en la mayoría de los casos se limita a contestar las preguntas del maestro. Se da la mayor importancia a la transmisión de contenidos y a la imposición de normas y restricciones. Por adoctrinar y meter a los alumnos en moldes prefabricados, los educadores descuidan el desarrollo de la creatividad. Se prefiere al alumno callado y obediente (para “meterle” más fácilmente información), que uno despierto y vivaz.

La educación sigue una secuencia lineal, estandarizada, tipo línea de producción; no se estimula el pensamiento divergente que lleva a encontrar muchas respuestas a una sola pregunta; en vez de ello se prefiere el pensamiento lineal: “sólo hay UNA RESPUESTA, es ésta, apréndetela de memoria”. Se mata la creatividad y espontaneidad. Se fomenta además la competitividad en lugar de la colaboración.


Educare
no significa “meter algo” sino “hacer salir” lo que el sujeto trae dentro.


Nos da miedo la palabra autonomía. Educar es entrenar para la libertad y debe ser lo contrario a autoritarismo: actividad pro activa frente a pasividad receptiva. Se necesitan personas que crean, entiendan, analicen, decidan, apliquen y colaboren. Se necesita una educación participativa que fomente el libre pensamiento, la visión desde diferentes perspectivas, la originalidad y la creatividad.

Un sistema donde los alumnos comprendan, acepten y hagan suyas las normas y reglas, en lugar de que las vean como imposiciones arbitrarias e irracionales. En la escuela donde estudia mi hija redactan maestros y alumnos en conjunto una especie de contrato donde acuerdan lo que estará permitido en clase y lo que no, las razones de ello y las consecuencias (siempre relacionadas con la falta) que tendrá incumplir algún acuerdo.

Educar es formar personas aptas para gobernarse a sí mismas, y no para ser gobernadas por otros.
Herbert Spencer

La educación Montessori fomenta la participación activa del pequeño, motiva la colaboración. El niño escoge su propio trabajo según su interés y habilidad; trabaja por el tiempo que quiera en sus proyectos y a su propio paso. El maestro es sólo su guía. La organización internacional conocida como “AA” (Alcohólicos Anónimos) trabaja de manera similar, pues no depende de figuras poderosas, no existe una autoridad que dirija. Son grupos intensamente participativos y auto-dirigidos.

“Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo”. Benjamín Franklin

Tuve la fortuna de estudiar mi secundaria y preparatoria (bachillerato) en una escuela activa muy poco tradicional. La primera mitad de la mañana se dedicaba a investigación personal, y en ese tiempo, cada materia tenía su salón: uno era de Ciencias Naturales, otro de Geografía, etc. En cada uno se encontraban todos los maestros de todos los grados escolares de esa materia. Igualmente, había varios libreros y ficheros, de cada año. De modo que al principiar la mañana tenía la opción de administrar mi tiempo a mi mejor conveniencia o a mi completo antojo.

 Si estaba atrasada en Historia, me dirigía a ese salón, y agarraba la ficha correspondiente al año que cursaba. Ahí venían los temas y subtemas que se debían tratar a lo largo del bimestre. Algunos temas los podía consultar en los libros que se encontraban en ese librero, algunos no estaban y debía ir a la Biblioteca a buscar la información. No tenía límites, podía concretarme a informarme y escribir lo esencial o ampliarme todo lo que quisiera.

Aprendí a encontrarle mucho gusto a leer y a investigar. Recuerdo una vez que el proceso de fotosíntesis me fascinó tanto que investigué hasta volverme casi una experta en el tema. La segunda mitad, después del recreo, se llamaba “toma de contacto”. Allí regresábamos a nuestros salones y llegaban por horarios los maestros de cada materia. Nos sentábamos todos en círculo y compartíamos lo aprendido. Los “exámenes” eran puestas en común. Allí exponíamos al grupo todo lo aprendido sobre el tema que la maestra nos indicaba en ese momento, mientras nos evaluaba.

Aprendí muchos datos interesantes, pero sobre todo aprendí a aprender, a buscar información y a aplicarla, más que a memorizar datos. Aprendí a responsabilizarme de mí misma y de mi educación. A trabajar por mi cuenta sin esperar que alguien esté diciéndome todo el tiempo lo que debo hacer. A ser disciplinada, a administrar mi tiempo y a organizarme. Aprendí a pedir ayuda cuando es necesario. A considerar opciones y tomar una decisión. A exponer mis ideas frente a los demás. A comprometerme y buscar lo que necesito.

Al contrario de lo que se pensaría, no era un caos. Aprendí a crearme una estructura interna, no impuesta desde fuera. Agradezco ese sistema educativo que, además de conocimientos, me permitió adquirir habilidades que ahora, viéndolo hacia atrás, marcaron una diferencia en mi vida.

Educación es lo que queda después de olvidar lo que se ha aprendido en la escuela.
Albert Einstein

martes, 23 de noviembre de 2010

Autoestima

"No puedes evitar que aves de tristeza vuelen sobre tu cabeza; pero sí puedes evitar que aniden en tu pelo” proverbio chino
Para mí fue un gran logro personal descubrir que la vida no “me sucedía”, y que lo que me hacía vivir en un infierno auto-creado eran los paradigmas que mantenía y que no me funcionaban para una vida feliz y plena. Me di cuenta que frente a mí tengo siempre dos puertas u opciones: una lleva al cielo y la otra al infierno, y están aquí y ahora. La llave que las abre o las cierra está en mi pensamiento, en las historias que me cuento, y en las decisiones que tomo, que traduzco en actitudes.

En el infierno entro cuando me comparo; cuando critico; cuando creo poseer la verdad. Cuando me siento diferente; cuando no pido ayuda; cuando actúo en base a suposiciones; cuando no acepto los halagos; cuando permito que mi ego perfeccionista me descalifique. Cuando me siento víctima al pensar que lo que veo mal está afuera de mí y por lo tanto no tengo poder para cambiarlo.

Cuando pienso que es responsabilidad de los demás hacerme la vida “fácil”. Cuando veo la vida como una competencia donde tengo que luchar para demostrar que soy la mejor. Cuando me siento el ombligo del mundo y creo que todos están pendientes y funcionan en torno a mí. Cuando siento que todo me lo merezco y alguien más me lo tiene que reconocer. Cuando pienso que los que me aman tienen la obligación de adivinarme el pensamiento.

Cuando me echo a los hombros responsabilidades que no me corresponden y hago el trabajo que a otro le toca hacer. Cuando pongo las necesidades de los demás por encima de las mías. Cuando dejo de escuchar y de escucharme. Cuando hago importante el reconocimiento externo, cuando me sacrifico. Cuando pienso que es mi responsabilidad lo que los demás piensan de mí. Cuando tomo una opinión diferente como ataque personal. Cuando me resisto, cuando desconfío.

Entonces pierdo contacto con mi “yo” interno, pierdo contacto con el amor y todos los sentimientos que lo acompañan, y me siento frustrada, enojada, resentida, envidiosa, con vergüenza, culpable, miserable, infeliz.

Algunos de los paradigmas que me mantenían en esta situación eran: “Hay cosas en las que no me puedo equivocar; ciertas decisiones son para siempre”; “Tengo que ser complaciente para ganarme el amor y la aprobación de las personas que me importan”; “Sufrir ennoblece, y seré recompensada por ello en otra vida”; “No es tan importante ser, como parecer”; “Las mujeres valen por su aspecto físico”; “Soy muy buena persona porque me sacrifico por los demás: quien se pone de tapete, tarde o temprano es reconocido en su sacrificio”; “Amar es dar hasta que duela sin recibir nada a cambio”.Suenan absurdos ahora planteados de esta forma, el problema radica en que no los había reconocido de manera consciente.

En el cielo entro cuando me doy tiempo para tomar las decisiones con las que me siento bien; cuando priorizo mis actividades; cuando me contacto con mis sentimientos; cuando me escucho y me atiendo. Cuando me trato con respeto, dignidad y cortesía, y trato a los demás de la misma forma.

Cuando evito juzgarme de manera negativa y me acepto imperfecta o equivocada. Cuando pido ayuda. Cuando empiezo a vivir a través de proyectos propios y no de imposiciones. Cuando me comparto. Cuando reconozco que las voces en mi cabeza que presagian desastres son máscaras de viejos miedos y no reflejo de mi realidad actual.

Cuando disfruto, cuando soy espontánea, cuando soy auténtica. Cuando agradezco; cuando reconozco a los demás y acepto reconocimientos. Cuando soy empática, cuando siento compasión. Cuando dejo de reaccionar. Cuando tomo en cuenta que toda decisión trae consecuencias. Cuando entiendo que todos hacemos lo mejor que podemos con lo que tenemos, esto me permite liberarme de sentimientos de rencor.

Cuando descargo mi enojo sin lastimar ni lastimarme. Cuando escucho y me permito que lo escuchado me transforme. Cuando entiendo que los demás pueden hacer juicios acerca de mí y que eso no tiene que ver conmigo, sino con ellos. Cuando amo y me abro al amor. Entonces soy responsable conmigo y con los demás, y me siento vital, creativa, tranquila, segura, confiada, receptiva, dichosa, merecedora, feliz, en paz.

El Dr.Juan Hitzig, Profesor de la Universidad Maimónides de Buenos Aires, Argentina, ha desarrollado un alfabeto emocional que conviene memorizar. Las conductas con R: resentimiento, rabia, reproche, rencor, rechazo, resistencia, represión, son generadoras de coRtisol, una potente hormona del estrés, cuya presencia prolongada en sangre es letal para las células arteriales ya que aumenta el riesgo de adquirir enfermedades cardio-cerebro-vasculares. En cambio, las conductas con S: serenidad, silencio, sabiduría, sabor, sexo, sueño, sonrisa, sociabilidad, sedación, producen Serotonina, una hormona generadora de tranquilidad que mejora la calidad de vida, aleja la enfermedad y retarda la velocidad del envejecimiento celular. Las conductas S generan actitudes A: ánimo, aprecio, amor, amistad, acercamiento.

En el cielo creado a mi medida paso ahora la mayor parte de mi tiempo, lo agradezco y lo disfruto plenamente. Fuimos creados para el bien y para ser felices. La paz es nuestro estado natural. Si esto no es así, es importante revisar qué paradigmas estamos obedeciendo que nos mantienen dentro de la infelicidad. De vez en cuando sigo visitando el infierno, pero ahora tengo la llave para salir pronto de él. Me contacto conmigo misma y con los pensamientos que me están llevando a ese lugar. Sabiendo que es decisión mía permanecer, ya no me permito estar ahí por mucho tiempo.

Seguramente lo seguiré visitando muchas veces, pero ya no es mi casa, ahora solo soy una “visitante esporádica” y por poco tiempo, por cierto.

martes, 16 de noviembre de 2010

Cambio

"El cambio es la única cosa inmutable". Arthur Schopenhauer

Solía tener pavor al cambio. A pesar de estar muy insatisfecha con la vida que tenía, encontraba un montón de justificaciones para permanecer en la misma situación, escudándome en paradigmas que me permitían sentirme segura en medio de la inseguridad: “Más vale malo por conocido que bueno por conocer”, “esto es lo que me tocó vivir.” Era infeliz, sin embargo, me había acostumbrado al caos.

Había empezado a morir.

“Acostumbrarse es ya empezar a no ser”

Anat Baniel en su libro Movimiento Consciente recomienda introducir cambios constantemente en todas las actividades de nuestra vida -aún teniendo una vida sin grandes problemas- como una forma de mantenernos vitales. El usar viejos patrones para resolver nuevos problemas, los hábitos, la rutina y la rigidez que desarrollamos de adultos restringen nuestra vida. Muchos de los grandes descubrimientos se han dado al alejarnos de las líneas conocidas de pensamiento. Cuando éramos pequeños la variación formaba parte de nuestra vida cotidiana. Desde la infancia nos educan con la creencia de que las equivocaciones son malas y surge el miedo a arriesgarnos. Los errores que cometemos nos proporcionan las variaciones que necesitamos para dejar de repetirnos. Para evitarlos, aprendemos la forma generalmente aceptada de hacer las cosas y después nos ceñimos a ella, haciendo lo mismo una y otra vez. Arriesgarnos a actuar de manera diferente nos permite cambiar, mejorar viejos patrones o aprender nuevos. Al pensar que “sólo hay una forma correcta de hacer las cosas” nos negamos la exploración de nuevas posibilidades.
Obviamente, escudarse en la seguridad de lo conocido es mucho más fácil que afrontar los retos que impone cambiar. Muchas personas, por temor, prefieren una estabilidad mediocre a un cambio que genere progreso. Estas personas normalmente son las que se esconden detrás de frases como:

· "Acá las cosas siempre se han hecho así"

· "Los latinos somos corruptos por naturaleza"

· "Cambiar es difícil y doloroso"

· “Podríamos estar peor”

· “No sirve de nada cambiar si no cambia el gobierno”

· “Es la herencia que nos dejó la conquista…”

· “Aunque cambie mi situación, voy a seguir teniendo problemas, sólo que de otro tipo…”

Cuando algo no está funcionando lo único que queda es el cambio.

Estos son algunos datos del México actual:
Desnutrición: Ésta afecta a 3 millones de niños menores de 5 años, de los cuales 1.8 millones padecen desnutrición crónica. El 70% de los mexicanos que hoy tiene 40 años sufrió desnutrición en su infancia.

Educación: Sólo el 20% de los jóvenes tiene acceso a educación superior, cuando el parámetro de referencia establecido por la UNESCO es entre 40 y 50%. Más del 4% de analfabetismo se considera problema social. México tiene 9.5%.

Corrupción: Según el Índice de la Percepción de la Corrupción 2010, México se ubica entre los países más corruptos del mundo, al ocupar el sitio 98 de una lista de 178 países… 39 escaños más abajo que hace 10 años.

Políticas económicas: Las grandes empresas pagan solamente 1.7% de sus ingresos de impuestos, y generan 20% de los empleos, mientras que 80% de los empleos en México están sostenidos por las pequeñas y medianas empresas. En 2009, en una evaluación de 152 países realizada por el Banco Mundial, México estaba en el lugar 143 en crecimiento económico, entre las 10 peores economías del mundo, por debajo de Haití.

Pobreza: Actualmente el ingreso por persona del 70% de los mexicanos es menor a dos mil 680 pesos mensuales, y el 41% de la población económicamente activa recibe ingresos menores a tres mil 400 pesos mensuales. De 1982 al 2009 el número de pobres pasó de 32 millones a 60 millones. Hace 27 años un salario mínimo alcanzaba para comprar 51kg de tortilla, ahora alcanza para 6 kg.

Violencia: El Índice Global de la Paz mide la percepción de la violencia en las naciones. México quedó ubicado en el lugar 108 de los 144 países que lo integran. El nivel de la violencia en México, peor que en Ruanda o el Congo. Este año (2010) de enero a agosto, el Semáforo Delictivo Nacional registró 13 mil 300 homicidios en 20 entidades federativas, lo que representa un incremento de 28% respecto del mismo periodo en 2009.

 Yo era de la idea que, al funcionar bien la macro-economía, la micro-economía (la que se refleja en nuestra cotidianidad) se arreglaba automáticamente. Me equivoqué. No sucede así, y no ha sido interés de nadie que lo “macro” permee a lo “micro”. Celebro los avances en los índices macro-económicos de México, pero en mi opinión, de lo que México está urgido es de un gobierno un poco más sensible a los índices que sí llegan a la ciudadanía, los de desnutrición, violencia, analfabetismo, corrupción y pobreza.

Es nuestra elección cambiar o permanecer, aunque permanecer igual signifique dejar que México muera lentamente.

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miércoles, 3 de noviembre de 2010

Corrupción

“Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta a la hoja y vi que había arreglado al mundo”. Gabriel García Márquez

Mentalidad cortoplacista y satisfacción inmediata. Ser “vivo”, la cualidad más apreciada, “hacerse rico de la noche a la mañana”, el sueño más acariciado. Con nuestro ejemplo hemos brindado una visión del mundo donde la trampa y la mentira son posibles. Al no cumplir mis promesas, al eludir mi responsabilidad, al callar ante lo indignante, al no exigir ni exigirme, al resignarme a que las cosas no cambiarán, enseño que la dignidad se puede comprar y vender. Que la impunidad es posible.

En mi opinión, la corrupción surge desde la desconfianza hacia el futuro; de la mentalidad de la escasez. No hay suficiente para todos, así que tomo todo lo que pueda, aunque lo tenga que arrebatar. Las mentes defensivas no son creativas ni cooperativas, compiten en vez de colaborar. Los abusados entran por la puerta lateral pudiendo entrar por la principal. El poder que más atrae es el poder hacer trampa. Pasando por alto los elementales principios de convivencia, robamos tiempo al tiempo, ganando aunque el otro pierda, y al final el que pierde es el país donde vivimos.

Desde nuestro pedestal no nos damos cuenta que una parte del problema es el pedestal desde donde señalamos las faltas de los demás, incluyendo las del gobierno. ¿Podíamos esperar algo diferente a lo que estamos viviendo? ¿Pensábamos que podíamos actuar así y exigir a los demás conductas distintas?

Podemos evadir la ley, pero nunca las consecuencias de nuestras acciones. Al corrompernos, nos traicionamos, perdemos nuestra integridad como seres humanos, nos “rompemos” (de ahí el término “corromper “).

No se puede tener un patrimonio exterior, si primero no se tiene uno interior: puntualidad, limpieza, honestidad, trabajo en equipo, disciplina, respeto, cultura de la legalidad, valores que promueven el bienestar común, que también es el nuestro.

Los Sindicatos de Trabajadores en Japón presentan pliegos de ofrecimientos a la empresa: “en un año, ofrecemos fabricar 10% más, ¿qué nos ofrecen a cambio?”. En México se presenta pliego petitorio: más dinero y menos trabajo.

También utilizamos la religión para pedir y esperar.

En Latinoamérica fracasan al menos 75% de las nuevas empresas en los primeros 3 años. No tenemos la disciplina de sembrar y esperar a que crezca lo sembrado, queremos resultados inmediatos, empezar a lo grande y que a los dos años el negocio nos dé para carro nuevo, vacaciones, cambio de casa...

¿Qué hace un anglosajón los domingos? Lava su coche, poda su jardín, tiene su garaje lleno de herramientas, pues la mano de obra es cara. Aprovecha los fines de semana para reparar asuntos pendientes de plomería, carpintería en su casa; practica su hobby, prepara una barbacoa en su jardín.

¿Son así porque tienen esos países, o tienen esos países porque son así? Nos educamos para ser empleados y hacer lo esencial, nuestro objetivo en la vida es que den las 5 de la tarde. No aprendemos a amar y a disfrutar lo que hacemos, ni a hacer lo que amamos y disfrutamos.

La teoría de las Ventanas Rotas se basa en la premisa de que el crimen es el resultado inevitable del desorden. Se encontró que el crimen, en cualquier centro urbano, era mayor en las zonas donde prevalecía el descuido, la suciedad y el maltrato a los bienes públicos. Si no se reparaba pronto una ventana rota, o se limpiaba un grafiti, o se recogía la basura, se transmitía la idea de deterioro, desinterés y ausencia de ley y la gente pronto empezaba a hacer más de lo mismo. Al romperse los códigos de convivencia, se propiciaba a cometer delitos.

Según el Índice de la Percepción de la Corrupción 2010, México se ubica entre los países más corruptos del mundo, al ocupar el sitio 98 de una lista de 178 países… 39 escaños más abajo que hace 10 años.

En las estaciones del metro de Viena no piden boleto para entrar. A pesar de eso, todos lo compran. De manera aleatoria, un encargado sube al vagón a recogerlos, y ese día no encuentra problema, pues todos lo llevan. En otros países, los periódicos se venden dentro de una caja, donde uno pone el precio y saca UN periódico, y deja el resto en su lugar.

Según un estudio, el simple hecho de enterarnos de que alguien presta ayuda puede tener un impacto único, inducir un cálido sentido de elevación. Los psicólogos usan el término “elevación” para designar la luz que se nos enciende cuando somos testigos de la bondad de alguien. La elevación, sugiere esta investigación, es contagiosa. Cuando alguien ve un acto de bondad, se despierta en esa persona el impulso de realizar una acción similar. Las “malas acciones” se contagian, pero “las buenas” ¡también!
"Las cosas que trascienden en la vida, no se dan por lo que tú haces, sino por la semilla que siembras"

¿Y si desde hoy nos proponemos empezar a contagiar acciones diferentes encaminadas al bienestar común; y si sembráramos la semilla con nuestro ejemplo?
¿y si se vuelve una pandemia?
Que empiece por mí…por ti…por todos, ¿LISTOS?
… ¡a la una!,
… ¡a las dos!
… ¡a las siempre!.

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sábado, 23 de octubre de 2010

Paradigma

"Sólo hay una verdad absoluta: que la verdad es relativa".
André Maurois (1885-1967) Novelista y ensayista francés.


“Jesús es un mito.  No existe documentación histórica neutral acerca de él. A los ojos de todos Jesús es simplemente el hombre ideal, del cual cada uno se hace una imagen adornándole con todo tipo de cualidades que nada tienen que ver con las que ofrecen los documentos conocidos.”

“Prácticamente todos los expertos consideran la existencia de Jesús un "hecho" histórico, incluidos los expertos agnósticos y ateos, quedando patente que el único objetivo de los ideólogos tanto "anti evolución" como "anti existencia histórica de Jesús" es generar confusión.”

“El calentamiento global por CO2 es un fraude. La problemática del calentamiento global ha sido inflada con fines políticos y económicos.”

“El mito del Holocausto fue creado solamente para el beneficio económico de Israel, para exigirle millonarias sumas a Alemania por concepto de reparación de daños y para justificar políticas criminales del Estado de Israel y el apoyo de Estados Unidos".

“La influenza H1N1 fue un mito inventado por el gobierno con el fin de distraer a los ciudadanos mexicanos mientras se cambiaban las leyes, para evitar protestas por el primero de mayo y para que se nos olvidara la crisis".


En Yahoo! encontré 3.880.000 resultados para el mito de Jesús; 3.030.000 de pruebas históricas de su existencia; 941,000 para el mito del calentamiento global; 938,000 para el del Holocausto. Cada página con razones y “pruebas” que “demuestran” que sus argumentos son verdaderos… pero, ¿quién posee La Verdad? ¿Podemos acceder a ella? 



Millones de personas sostienen determinadas creencias e ideas como ciertas y otros tantos millones sostienen exactamente lo contrario. La única verdad es que cada quien tiene la suya. Defendemos opiniones como si fueran hechos y las fundamos en más opiniones. Una idea diferente la vivimos como amenaza existencial. Tomamos nuestras creencias como axioma matemático.


"Conoces lo que tu vocación pesa en ti. Y si la traicionas, es a ti a quien desfiguras; pero sabes que tu verdad se hará lentamente, porque es nacimiento de árbol y no hallazgo de una fórmula".
Antoine de Saint-Exupery


Cada persona ve una misma situación de manera diferente, pues al regirnos distintos paradigmas, hacemos particulares juicios para darle sentido a lo que vemos. No podemos ver de manera imparcial. La objetividad como algo fuera de nosotros no existe. 



El primer principio de la Ontología del Lenguaje, del filósofo chileno Rafael Echeverría nos dice que no sabemos cómo las cosas son, sólo sabemos cómo las observamos. Vivimos en mundos interpretativos. No podemos acceder al hecho en sí, sino a través de nuestra única forma de ver el mundo, a través de nuestros juicios y de nuestra individual forma de pensar.


Todo lo que creemos nos “hace sentido” debido a nuestra historia personal que nos permite ver las cosas de esa forma y no de otra. Tendemos a pensar que podemos acceder a los hechos de manera totalmente imparcial, que frente a un hecho (que a lo mejor a nosotros nos parece muy obvio) todos necesariamente lo tienen que ver de la misma manera.


 “Lo que veo es todo lo que hay”; “si yo no veo algo más es porque no existe”; “si pasa una vez volverá a pasar”; “las cosas no pueden ser diferentes”; “lo que es siempre será”. Y pensamos que esto pertenece al hecho en sí y no a nuestra mirada particular.


"Cree a aquéllos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado".
André Gide



La idea de que podemos acceder a la verdad nos coloca en una posición de superioridad con respecto al resto de los mortales que viven en el error. La Verdad se convierte en nuestro escudo que nos defiende de la gente que vive equivocada, y nos concedemos el derecho de “hacerles ver la luz” y sacarlos de su ignorancia.


Pocas cosas hay tan dolorosas y frustrantes como no ser capaces de lograr que los demás vean las cosas como nosotros lo hacemos. Todo lo vemos a través de nuestra interpretación, a través de nuestros paradigmas, mismos que escogemos a priori por que nos gustaron, o sea, por motivos meramente emocionales.


Los dilemas no son problemas racionales, sino emocionales. Viéndolo de esta forma la confrontación y el debate para “sacar del error” al oponente es una absoluta pérdida de tiempo y energía, y lo único que logra es debilitar la relación, pues no se respeta el hecho de que cada quien ve y verá lo que quiere ver.


 Únicamente cambiaremos de opinión cuando cada quien lo decida y cuando una idea diferente nos haga más sentido. Propongo entonces que nos guiemos por la ética, que nos orienta a buscar el respeto mutuo y el bienestar común. Debido a que cada quien defiende “su verdad” desde la emoción, la solución a diferentes creencias, no está en uniformarlas, sino en respetarlas.
Sospechar de nuestras certezas nos podría enriquecer más que tratar de imponerlas a los demás.


¿La paz? Podríamos avanzar en ella con algo así como: “el respeto a la verdad ajena……”


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jueves, 14 de octubre de 2010

Placer




Volkswagen ha iniciado una campaña llamada The Fun Theory (La teoría de la diversión), que propone que la manera más fácil de mejorar el comportamiento de la gente es volviendo las tareas divertidas. Así, convirtiendo unas simples gradas de una estación del metro en teclas de piano, la empresa consiguió que 66% más personas prefirieran subir por las escaleras tradicionales en lugar de usar las eléctricas.

Colocando un dispositivo que hace un sonido de caída libre en un bote de basura, logró recolectar 40kg más de deshechos de lo usual. Añadiendo un sonido simpático en el tapete de entrada de un establecimiento comercial, consiguió que absolutamente todas las personas se limpiaran los zapatos antes de entrar... Cuando las cosas nos resultan divertidas de hacer, las realizamos con gusto sin importar que conlleven mayor esfuerzo.

No es vergonzoso que el hombre sucumba bajo el dolor, pero sí es vergonzoso sucumbir bajo el placer… ¿A qué se debe…? (Pascal)


En la mitología griega Apolo, el dios de la armonía, el orden y la medida se apoya en Dionisio, el dios del placer y la desmesura; ambos son hermanos y se complementan. Para Nietzsche, la relación entre ambos dioses es la mejor fórmula para vivir plenamente. Lo que este par de dioses nos enseña es que, para sobrevivir el orden, se requiere dar cabida a las expresiones contrarias, a la expresión libre de emociones reprimidas, a la catarsis, al éxtasis, al abandono del “qué dirán”.

El filósofo Jacques Derrida propuso la idea de que todo orden, para mantenerse, debe necesariamente tener un lado desordenado. Lo mismo sugiere el teorema de la incompletitud en matemáticas.

La vida cotidiana se rige por la necesidad, el dolor, el esfuerzo y el trabajo, la permanente regulación y control de uno mismo. En la infancia, se premia más la obediencia que la espontaneidad. Se nos enseña disciplina y autocontrol, a rechazar las expresiones de vitalidad como brincar, bailar y jugar porque sí. Aprendemos a reprimir el entusiasmo (Dios dentro de mí), el Dionisio que llevamos dentro, ese niño juguetón y espontáneo que una vez fuimos.

El placer es sólo para los que no tienen nada que hacer, pues de otra forma nos llena de culpa. Guardamos la idea de que el sufrimiento dignifica más que el placer. Querer abarcar muchas actividades, la falta de tiempo, el afán de que todo salga “perfecto”, tener “otras prioridades”, el temor al rechazo… Nuestro estilo de vida conlleva una permanente negación de la vitalidad en su expresión más plena.

El juego es el quehacer de los dioses.

¿Por qué en general nos cuesta tanto trabajo soltarnos y disfrutar?
Entrar en el placer es entrar en el momento presente, conectarse con lo que se está haciendo y permitirse la felicidad de realizar esas cosas que nos hacen sentir a gusto. Por supuesto que hay etapas de gran sufrimiento en la vida y hay que observarlas, vivirlas, en vez de huir de ellas. La única manera de salir del duelo es entrar en él: disfrutar de la vida no suprime el dolor.

“El tiempo que disfrutas desperdiciándolo, no es tiempo desperdiciado”. Bertrand Russel

El aroma del jabón cuando me doy un baño, sentir el agua sobre mi cuerpo, hacer ejercicio, disfrutar un helado, o dos, o ¿por qué no? tres... recostarme a leer un buen libro y reflexionar sobre él, filosofar con Juan Carlos hasta la madrugada, bailar sola si se me antoja, pasear a mis perros, escribir… son algunas de mis maneras de contactarme con mi presente, con el aquí y el ahora; me brindan equilibrio, me conectan conmigo misma, con mi Poder Superior, con mi niño interno (¿será por eso la frase de Jesús “El que no se vuelva como niño no entrará en el Reino de los Cielos?”).

En algún lado leí que vivir conectado con uno mismo, en total consciencia del momento presente, es vivir en la dicha.
Por supuesto que me refiero a situaciones donde están cubiertas las necesidades básicas de comida y alojamiento. Sin éstas no se puede hablar de placer. Por otro lado están las personas que poseen tanto de todo que pierden su capacidad de asombro y difícilmente pueden hallar placer en algo nuevo. Bien decía Kant que “el equilibrio humano es un valor que debemos siempre defender”.

Vivir un momento de placer nos hace mejores para nosotros y para los demás. Defendamos nuestro derecho al placer en todas las actividades.
Los grandes placeres de esta vida son momentos cotidianos. En ellos radica el verdadero significado de estar vivos. Cuando soy feliz haciendo lo que hago siento dentro de mí la convicción de estar en el camino correcto.

lunes, 4 de octubre de 2010

Consumo


“La felicidad no consiste en tener más, sino en necesitar menos”.

Recientemente fui a buscar un cartucho de tinta para mi impresora y me encontré con que costaba lo mismo que una impresora nueva. El sistema me estaba invitando a tirar a la basura una impresora en excelente estado para comprar otra. Lo mismo sucedió cuando quise adquirir un cargador original para mi laptop.

Después de la Segunda Guerra Mundial, para rehabilitar la economía, el analista del presidente Eisenhower propuso: “La economía enormemente productiva exige que hagamos del consumo nuestro estilo de vida, que convirtamos el comprar y utilizar bienes en auténticos rituales, que busquemos nuestra satisfacción espiritual, la satisfacción del ego, en consumir... necesitamos que se consuman cosas, se quemen, se sustituyan y se tiren, todo ello a un ritmo cada vez más rápido”.

¡Claro! por eso se diseñan los productos de modo que se vuelvan obsoletos en poco tiempo, pues cuando las cosas se fabrican bien, duran, y los mercados se saturan demasiado pronto.
Valores como la frugalidad, el ingenio, el ahorro, la cooperación, la convivencia, el bien común, la solidaridad, y la administración de recursos, se están volviendo obsoletos en esta sociedad de “usar y tirar”.

Éstos se han ido reemplazando por otros como la seguridad, la acumulación en exceso para asegurar un futuro incierto, el individualismo, la competencia, y la cosificación de todo ser vivo. Hemos basado nuestra identidad en la idea de poseer cada vez más. La ambición es algo positivo y el sentirse satisfecho con lo que se tiene es  sinónimo de mediocridad y conformismo.

Los consumidores compartimos un modo de vida y una cultura cada vez más uniforme, con los mismos productos de las mismas tiendas, “gracias” a la globalización. Muy poco de lo que compramos es necesario para nuestra supervivencia, ni siquiera para las comodidades humanas básicas. Compramos por impulso, por novedad, por deseo momentáneo, por capricho, o porque “es un lujo, pero… creo que lo valgo”.

Actualmente vemos más publicidad en un día de la que veíamos hace 50 años en una vida entera. Y toda ella dedicada a decirnos que estamos mal, pero que todo se arregla con salir de compras. Nos enredamos cada vez más en un círculo vicioso de trabajar, comprar, endeudarse y trabajar para pagar las deudas. Consumimos a costa de hipotecar el futuro.

Los costos de los productos se mantienen bajos a costa de explotar la mano de obra. Los celulares, las computadoras, consolas de videojuegos y muchos otros aparatos desechables se fabrican utilizando un metal llamado coltán.

Una de las principales minas de coltán se encuentra en El Congo. Su explotación daña especies protegidas como gorilas o elefantes. Además el mineral lo extraen principalmente niños, que dejan la escuela a cambio de un dólar al día. Esto para extraer los metales con los que se fabrican nuestros celulares que, al cabo de un año, seguramente terminarán en la basura.

Al comprar, usar y tirar, todo para volver a comprar, mantenemos vivo este sistema. Hoy día consumimos el doble que hace 50 años. El tiempo libre se ha vuelto un artículo de lujo. Trabajamos más que nunca. Y… ¿para qué? Para tener dinero y comprar todo lo que nos hacen creer que necesitamos.

Nuestras decisiones como consumidores tienen repercusiones ecológicas, sociales y espirituales. Hay más de 100 mil químicos sintéticos en el comercio actual, y no se han estudiado sus efectos en la salud. El Retardante de Fuego Brominado (químico que hace las cosas más resistentes al fuego), por ejemplo, es una neurotoxina que se utiliza indiscriminadamente en nuestras computadoras, ¡incluso en nuestras almohadas! Lamentablemente el gobierno cuida más los intereses económicos que nuestra salud.

En las últimas cinco décadas, el consumo de agua se ha triplicado; el de combustibles fósiles se ha quintuplicado; las emisiones de dióxido de carbono han aumentado un 400%; el 80% de los bosques originales del planeta ha desaparecido; en las últimas tres décadas se han consumido un tercio de los recursos naturales. Tiramos el doble de basura que hace 30 años. Y, además, somos menos felices que hace 50 años.

Resulta vital que reflexionemos y eduquemos a nuestros hijos en torno al hábito de “comprar por comprar”.


Cuidemos la naturaleza antes de que ésta nos pase la factura.
Aprendamos a promover la durabilidad, la reparación y la actualización de los productos que compramos, en lugar de programarnos para que nos sean obsoletos y terminen en poco tiempo en la basura.

Y tú, ¿cuánto necesitas gastar para ser feliz?

jueves, 23 de septiembre de 2010

Empatía



Cuando Wanda tuvo a sus cachorritos, de su comportamiento aprendí muchas lecciones. No se lamentó por los perritos muertos, tenía mucho en qué ocuparse atendiendo a los seis que quedaron. Nunca vi que los malcriara. Les daba de comer el tiempo necesario, y cuando lo juzgaba prudente, simplemente se retiraba y los dejaba llorar. Poco a poco se fue haciendo menos indispensable para sus cachorritos, y el día que se tuvo que despedir de ellos, los llenó de lengüetazos y siguió con su vida. Pensé que se deprimiría pero no fue así. Tenía una vida por vivir. No sé si todo esto lo hizo con plena conciencia, sólo sé que lo hizo.

En 1996 el equipo de Giacomo Rizzolatti, de la Universidad de Parma (Italia), estaba estudiando el cerebro de monos cuando descubrió un curioso grupo de neuronas. Estas no sólo se encendían cuando el animal ejecutaba ciertos movimientos, sino también al contemplar a otros hacerlo. Se les llamó neuronas espejo o especulares. Permiten hacer propias las acciones, sensaciones y emociones del otro, en otras palabras, la empatía.

Su existencia demuestra que estamos concebidos para socializar, para estar en contacto y reaccionar ante otros, para vincularnos con el medio, para PERTENECER.
La empatía es algo así como la conciencia social que nos permite sentir calidez emocional, solidaridad, compromiso, afecto y sensibilidad. La violencia no es lo nuestro.

El sentimiento de padecer el dolor de los demás cuando sufren no sólo evolucionó en los homo sapiens, sino que es característico en otros mamíferos tan variados como el elefante y el ratón. Los animales sufren y sienten dolor.

A medida que como sociedad hemos ido evolucionando, nuestro círculo social ha aumentado y, por consiguiente, nuestro nivel de empatía. Nuestra “familia extendida” incluye cada vez a un mayor número de personas.

Los animales comparten con nosotros la necesidad de comida y agua, de cobijo y compañía, de libertad de movimiento y de ausencia de dolor. Como nosotros, intentan sobrevivir y buscan su propio bienestar: no sólo están en el mundo, también son conscientes de él, y como nosotros, están vivos.

¿Y si extendemos nuestra empatía de modo que abarque a todos los animales? Podríamos dejar de considerarlos objetos para nuestro uso personal y devolverles la dignidad que les hemos negado. Podríamos empezar a verlos como compañeros de este hermoso planeta que habitamos.

Mi perritos Lola y Fermín mueven la cola, creo que están contentos con la idea.



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martes, 14 de septiembre de 2010

México

   
   Era un 15 de septiembre, y mi padre (quien vivía en Guatemala),  se preparaba junto con la familia para celebrar un año más de independencia de su querido y añorado México. Como todos los años, cenaron pozole y antojitos mexicanos. México era uno de sus temas favoritos; se llenaba la boca y el corazón de él. Y esa noche no fue la excepción. 

Vieron el grito a través de un canal mexicano, y de pie cantó el himno. Luego le platicó a la empleada doméstica (pues la familia se sabía ya la historia de memoria...) las hazañas del cura Miguel Hidalgo y Costilla, doña Josefa Ortiz de Domínguez, el grito de Dolores, la entrada del ejército Trigarante a la Ciudad de México... datos que mi padre guardaba como un tesoro, pues lo mantenían unido a su país amado.
A la mañana siguiente, un infarto fulminante acabó con su vida.
Hoy, algunos años después, confieso que no amanecí con ganas de celebrar. La situación política, la creciente inseguridad, la corrupción, la ineptitud del gobierno para atender lo verdaderamente urgente, son hechos para desanimar a cualquiera, reflexioné. Doscientos años después de la Independencia y a cien de la Revolución, parece que volvimos a donde empezamos. Todavía no logramos ponernos de acuerdo y seguimos siendo un país con muchos asuntos cruciales sin resolver.  
Pero entonces recordé a mi padre un día como hoy. Lo recordé como mi madre me lo platicó: emocionado cantando el himno y festejando a su país.
Y pensé en el otro México, en mi México personal, el de mi vida de diario, en el que nacieron mis hijas, en el que como, descanso, amo y disfruto todos los días. En el que he aprendido, crecido, reído y llorado… el que merece mi cariño y mi respeto... imaginé a mi padre sonriendo junto a mí.
México es más que una mera coyuntura histórica. México es un GRAN PAÍS y, además, es MI PAÍS… Un país con su lado malo y su lado bueno, como todo lo que está vivo... como yo.
Así que, como mi papá lo hubiera hecho, yo también aprovecho este día para decir desde lo más profundo de mi corazón:  gracias, México.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Tiempo libre


“La gente que no para de trabajar lo hace para no tener tiempo de acordarse de que no tiene nada que hacer”. -Francis Picabia


El Movimiento Slow comenzó en 1986 como una protesta en Roma ante la apertura de un restaurante McDonald's en Piazza di Spagna. Se trata de un movimiento cultural que busca regresar la tranquilidad y el equilibrio a las actividades humanas. No promueve el ocio, sino más bien ser selectivos con nuestro tiempo, ocuparlo en actividades que mejoren nuestra calidad de vida.
“Felices los que no salen de vacaciones, porque viven de vacaciones”.


El hombre actual se volvió hacedor humano y con ello ha abandonado buena parte de su ser. Nunca tiene tiempo, y cuando lo tiene, lo planifica. Los griegos elogiaban la presencia del único tiempo válido, el tiempo libre, que solamente lo tenían, por cierto, los libres, porque los esclavos trabajaban y gracias a ellos los libres podían ser libres... y tener tiempo LIBRE.


Se dice que vivimos en una sociedad hedonista, o sea, que busca el placer. Yo pienso que, más bien, vamos en sentido contrario. Confundimos el placer con las cosas que procuran placer; con mero consumismo. El placer no lo da nada externo, no se compra. No consiste en lo que se me da, sino en lo que yo tomo. El placer no está en la fruta, sino en el paladar.


Hace poco, una flor me dijo con su colorida belleza que el placer no es un asunto frívolo o superficial. Una comida en familia con una larga y amena sobremesa, un rato para leer un libro, para sacar a caminar a mi perro, para relajarme; tiempo para ir al cine con Juan Carlos, para salir a comer con mis amigas, para estar con mis hijas, para cocinar y disfrutar lo que como, para tomarme las cosas con calma… ese placer  le da sentido a mi vida.

Definitivamente, coincido con el movimiento S----L-------O----------W…..porq ..¿QUEEE?.....¿¿¿las 2:20 ya??? ¡Me lleva!, por andar pensando en la inmortalidad del cangrejo ya se me hizo tarde para recoger a Nadia en la escuela, ¡¡¡carajo!!!

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Propuestas

Hace unos días escuché por la radio un comentario que me pareció muy interesante por todas las implicaciones que me parece que tiene. Hablaba de un estudio que realizó un sociólogo sobre la facilidad con la que se acogen nuevas propuestas en diferentes países. Uno de los parámetros que utilizó fueron los rankings de las canciones más escuchadas. Se dio cuenta que en los países avanzados una canción nueva llega a los Top 10 mucho más rápido que en los países en desarrollo (México entre ellos). En estos últimos, la canción debía sonar por más tiempo antes de entrar en las listas de popularidad.
 
Recientemente fui a los Estados Unidos y me llamó la atención la gran variedad de presentaciones y sabores de cada producto que se exhiben en los supermercados: vi yogures de sabores tan exóticos como "pay de limón" o "pastel de zanahoria"; catsup sabor habanero, chipotle o jalapeño; paletas de dulce sabor tequila; gran variedad de sabores de mostaza; tortillas hechas de masa cruda listas para cocinarse en el comal....y me pregunté cual sería la razón de que estas variedades no existieran en nuestro país. Recuerdo que hace no mucho sacaron diferentes sabores de yogures en México: tuna, papaya...no los he vuelto a encontrar.
 
Se habla mucho acerca de qué podemos hacer para salir del subdesarrollo, más allá de culpar al gobierno.
Podríamos comenzar por abrirnos a las ideas nuevas............tal vez no es tan descabellado después de todo, disfrutar de un delicioso yogur de pitaya.......ummmmmmm!!