sábado, 19 de abril de 2014

El señor de las palomas

Caminando por el parque en Ciudad del Carmen, una parvada de palomas acaparó mi atención. Perseguían a un anciano de condición humilde que además de su bastón se las ingeniaba para cargar una enorme bolsa de pan y una papaya. Unos pasos adelante el hombre se sentó en una barda junto a varios árboles. Abrió la bolsa (habrán sido alrededor de unos cincuenta bolillos) y partiéndolos en pedazos grandes, con calma empezó a tirarlos al suelo.
Las palomas estaban de fiesta. A la procesión que lo acompañó rápidamente se unieron muchas más, había comida para todas. Se posaban en sus brazos y en sus piernas, con la confianza que brinda el sentirse aceptadas y bienvenidas.
El hombre empezó a hablar. Predicaba acerca del amor y respeto a los animales, de compartir lo que se tiene. Nos empezamos a acercar para escucharlo y  presenciar la inusual escena. Los niños pequeños caminaban hacia él y les regalaba pan para que lo compartieran con sus amigas aladas.
Las ardillas empezaron a bajar de los árboles, también había para ellas. Algunas comían pan, otras preferían la papaya.
Al cabo de un rato hasta una iguana lentamente se unió al festín. Era una reunión de viejos amigos.
La escena era conmovedora. Un hombre poniendo su grano de arena para hacer de este mundo un mejor lugar. Hablaba acerca del amor, del respeto a los seres vivos, del desprendimiento, del egoísmo y avaricia de las personas que nos gobiernan, de la importancia de predicar con el ejemplo.
Rodeado de niños, palomas, ardillas e iguanas su actuar amoroso hacía que su discurso pasara a segundo término.
Conmovidos, Juan Carlos y yo nos acercamos a abrazarlo. “Personas como usted son las que hacen una diferencia. “
Señor Roberto Canepa, un hombre que tocó mi vida el día de hoy y la de muchas personas que allí congregó.

Va con todo respeto este pequeño homenaje para usted.